El hombre de Flores, una anomalía genética

Es posible que los pequeños hombres de Flores (Homo floresiensis) no fueran otra cosa que seres humanos ordinarios, aquejados de un mal endémico que les daba una altura muy inferior a la del Homo Sapiens (especie con la que coincidió en el tiempo) posiblemente causado por la falta de yodo en su alimentación. Al menos esta es la curiosa tesis de dos investigadores australianos que reavivan una controversia ya encendida.

Estos pequeños seres de apenas un metro de altura cuyos esqueletos, de una antigüedad de 18.000 años, se descubrieron en la isla de Flora, muy cerca de Java levantaron mucha controversia sobre su naturaleza. Mientras que hay teorías que hablan de seres humanos poco desarrollados y con algún tipo de síndrome otros investigadores hablan de otra especie que podría ser una manifestación de lo que se denomina enanismo insular. En un medio ambiente limitado en dimensiones y en recursos, como lo es una isla, el tamaño de las especies animales tiende a reducirse al compás de las generaciones. La balanza se inclina actualmente por esta segunda hipótesis.

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Foto: Susan Larson/Stony Brook University

Pero dos investigadores australianos han respondido recientemente con una versión bastante interesante. Peter Obendorf y Ben Kefford, de la School Of Applied Sciences, en colaboración con el profesor emérito Charles Oxnard de la University Of Western Australia, exponen una nueva explicación en la última entrega de Proceedings of the Royal Society Biological Sciences.

Según su teoría, que posiblemente no va a ser la última sobre el tema, estos fósiles llevan las marcas características de una insuficiencia tiroidea rara en nuestras regiones occidentales, pero observada frecuentemente en los países del tercer mundo, y causada por un déficit severo en yodo de la madre durante el período de embarazo.


En el niño, como en el adulto, el yodo se absorbe en el intestino en forma de yoduro, su exceso se evacua a través de la orina. La cantidad ideal es de 60 µg de yodo al día para un tiroides adulto, cuyo único papel es constituir un elemento indispensable para la síntesis de hormonas tiroideas que se producen en el metabolismo celular, en el crecimiento y la maduración de cerebro. Si esta contribución de yodo es insuficiente, el tiroides se pone a trabajar más para intentar recoger aún más, y aumenta considerablemente en volumen, formando lo que se denomina bocio mientras que su contenido en yodo disminuye.

Esta insuficiencia tiroidea al comienzo de la vida implica un mal desarrollo de las neuronas corticales, lo que supone un retraso mental que se define históricamente como cretinismo o hipotiroidismo congénito. El individuo nunca supera el metro de altura y se convierte en un “enanito tonto”.

Las formas extremas de cretinismo o hipotiroidismo congénito pueden ser consecuencia de una falta de yodo durante el embarazo o de otros factores medioambientales, como la absorción de alimentos que rompen el equilibrio entre el cianuro y el tiocianato”. El acido cianhídrico contenido en algunos vegetales (almendras amargas, núcleos pesqueros y nísperos, hojas de cerezo y laurel-cereza, zahína) se desintoxica en el organismo por la conversión en tiocianato. En el hombre en buena salud, se mantiene este equilibrio cianuro/tiocianato. Pero un régimen pobre en proteínas, especialmente cuando los aminoácidos sulfatados faltan, puede reducir esta capacidad de desintoxicación. Este déficit puede producirse por ejemplo en caso de consumo excesivo de mandioca.

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Foto: Peter Brown

Los investigadores apoyan su hipótesis por el descubrimiento, en los fósiles, de varios rastros anatómicos de este síndrome como un hueco en el cráneo en la parte destinada a la hipófisis, una de las características determinantes del hipotiroidismo congénito así como el desdoblamiento de las raíces premolares inferiores, que anuncia la misma patología. Tengamos en cuenta no obstante que el equipo australiano no examinó directamente los fósiles del Hombre de Flores.

Seguros su idea, Peter Obendorf y sus colegas consideran que el Hombre de Flora no constituye de ninguna manera una nueva especie de ser humano. Por otra parte, numerosas leyendas locales hablan de especies de enanos, los Ebu Gogo, que vivían ocultos en cavernas, sabían apenas expresarse y aterrorizaban a la población cuando acudían a robar la fruta de las plantaciones. Para los dos investigadores australianos, la descripción de estos pequeños seres corresponde de manera inquietante a una horda de individuos afectados por hipotiroidismo endémico.

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