El controvertido Estado de Israel

La creación del Estado de Israel provocó una serie de guerras y enfrentamientos que se mantienen hoy día, lo que ha provocado que Oriente Próximo sea una de las zonas más inestables de todo el planeta.

El pasado día 27 de abril se conmemoró el Día del Holocausto. En recuerdo de los seis millones de judíos exterminados por el régimen nazi en Europa, se encendieron seis antorchas. El acto tuvo lugar en el Yad Vashem de Jerusalén, también conocido como el Museo del Holocausto. Sin embargo, no estoy aquí para hablar del genocidio perpetrado por los nazis, ni tampoco para hablar de la memoria de aquellas víctimas, sino más bien para remover conciencias acerca de la principal consecuencia que tuvo el Holocausto: la creación del Estado de Israel, uno de los mayores errores que se hayan cometido a lo largo de la Historia Contemporánea. No es de extrañar que los políticos que acudieron a la celebración de este día tan señalado sigan tratando de justificar la existencia de Israel como Estado. De entender que no fue un error, no habría nada más que decir o hacer.

Cuando algo se sabe que no se puede defender con un razonamiento, se utilizan argumentos débiles (“Israel disuade contra cualquier intento de un nuevo Holocausto”) o, directamente, se amenaza con emplear la fuerza (“Un Israel fuerte es nuestra respuesta a los horrores del antisemitismo”). Las dos frases que he entrecomillado las pronunció el propio Simón Peres, presidente del Estado de Israel, en pleno acto de homenaje. Al regalarles los británicos y estadounidenses un Estado a los judíos en su Tierra Santa se encendió un polvorín del que no hemos salido y del que parece que no habrá solución en los próximos años, al menos si Israel sigue manteniendo su actitud beligerante.

Desde 1948, cuando se creó el Estado de Israel son varias las guerras que se han sucedido entre los habitantes árabes de aquellas tierras y los nuevos ocupantes de la que conocemos como tierra de Palestina. Todas ellas podrían haber sido evitadas si la petición de los judíos tras el fin de la Segunda Guerra Mundial hubiera sido desestimada. Se les ofrecieron tierras en Uganda, en Argentina, pero ellos, basándose en sus tradiciones, prefirieron volver a su hogar ancestral. Lo peor, sin duda, ha sido la manera de proceder: arrebatando propiedades, expulsando a familias de sus hogares, dejando al pueblo palestino sin libertades, evitando que este participe en actividades políticas, limitando su capacidad de movimiento, segregando su población, marcándolos como habitantes de segunda clase, empobreciendo sus negocios y, siempre, negando la posibilidad de que los palestinos tengan su propio Estado. ¿Les suena?

Foto: Thomas Leuthard

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