Edad Media: cuando los hombres hacían de bueyes para construir catedrales

Hemos hablado estos días de la complicada historia de la construcción de la catedral de Milán, la cual ha tardado casi 11 siglos en estar terminada. Pero aunque esta historia puede ser muy curiosa, lo cierto es que detrás de cada gran construcción de este tipo hay mucha historia, mucha historia que contar y de la cual podemos cuanto menos, no sentirnos orgullosos. Hoy vamos a echar la vista atrás, a la Edad Media, para ver como se extendió una tradición que hoy en día nos pondría los pelos de punta porque  los hombres hacían de bueyes para construir catedrales.

Edad Media

En la Edad Media era habitual el llamado Culto a los Carros, en el que los hombres cargaban con pesadas piedras

Esta tradición, conocida también como Culto de los Carros, se dice que comenzó allá por el año 1114, en la construcción de una de las catedrales francesas, en concreto la Catedral de Chartres. Precisamente ahí, comenzó a llevarse eso de que mucha gente se ofreciese voluntaria para carretar esas enormes piedras para poder levantar los edificios, ya que los bueyes de los que se disponía no daban abasto para las necesidades de material que suponía construir al estilo gótico.

En realidad todo tiene su origen en una especie de culpa religiosa, ya que muchos hombres muy devotos consideraban que de aquella manera hacían una especie de penitencia por sus pecados que las daría el perdón eterno. Y lo cierto es que los gobernantes junto con la Iglesia no podían estar más que contentos con aquellas especie de autocastigo, ya que les permitía que las obras avanzasen a una mayor velocidad de la que se había estimado antes de que apareciese esta tradición del Culto a los Carros.

Y precisamente por el poder que la Iglesia ostentó durante toda la Edad Media aquel hábito no tardaría en extenderse a tantos otros lugares en los que se construían tantas catedrales góticas fruto de la época. Pero si hasta ahora todo lo que les he contado les parece algo como para borrar y no recordar más, puede que les siga sorprendiendo, porque muchos de estos fieles católicos, no contentos con el castigo que habían elegido pedían a los sacerdotes que les flagelaran durante el camino con las piedras a cuestas para sentir todavía más dolor y que remisión de sus culpas fuese realmente plena y quedasen por fin en paz con Dios. Claro que esto es solo uno de los tantos episodios que la Edad Media nos tiene escondidos, y que aunque no nos gusten, forman parte del pasado como aquellos de los que estamos tan orgullosos.

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