Claves históricas de China

La verdadera civilización comienza después de la revolución neolítica, a través del tiempo y el espacio. La cultura de un pueblo se manifiesta siempre en acción y forma procesos evolutivos en los que sus participantes se encuentran inmersos, en algunos casos, contra su propia voluntad. Muchos datos históricos muestran con precisión y claridad que el freno al progreso es un hecho frecuente en todas las sociedades humanas, y en todas las épocas del tiempo histórico.

Aunque para los occidentales la sociedad china aparece cargada de connotaciones milenarias y místicas, y se la suele asociar a la lejanía y a la distancia, los historiadores, sin embargo, suelen distinguir tres ciclos en la formación del vasto territorio que, en sus albores, se hallaba poblado por numerosas y diversificadas poblaciones nómadas; entre los diversos pueblos fue emergiendo cierta unidad de costumbres, hasta desembocar en una unión basada en todo aquello que les era propio. El ciclo más antiguo abarcaría desde el año 1400 (a. c.), en el cual ya se conocía la escritura, hasta el año 195 (d. C.), fecha en que se utiliza como soporte para los ideogramas el papel.

Jarrón chino periodo Ming

Jarrón chino periodo Ming

A continuación vendría el llamado ciclo clásico, que abarcaría desde finales del anterior periodo hasta el siglo Xl y que se caracterizaría por el uso de la imprenta de forma cotidiana. Finalmente, los historiadores hablan de la época moderna, la cual arrancaría del siglo Xl y finalizaría en nuestro tiempo, es decir, en el siglo XX.

Sin embargo, la división descrita es convencional y, por lo mismo, podrían haberse utilizado otros criterios para hablar de los periodos históricos de China con igual aprovechamiento, pues lo cierto es que apenas existen pruebas o datos históricos acerca de la primitiva historia de China. Parece ser que hacia el año 1700 (a. C.) se constituyó la primera dinastía china en torno a una serie de ciudades-estado y de pequeños reinos, los cuales pagaban tributos a su emperador que, al propio tiempo, desarrollaba funciones sacerdotales.

Emperador y sacerdote, por tanto, eran la misma persona que poseía atribuciones en el terreno político y en el terreno espiritual. Era conocido como el «Hijo del Cielo» y gobernaba sus estados como un señor feudal, por lo que se le debía vasallaje y adoración.



El emperador-sacerdote interpretaba los oráculos de forma objetiva -pues sólo los sacerdotes podían conocer el significado de la predicción, ya que ellos eran los responsables de la correcta interpretación de los mensajes del oráculo- y conocía el significado de los ideogramas utilizados en la escritura.

Diosa del periodo Shang

Diosa del periodo Shang

Desde el año 1500 hasta el año 1000 -antes de nuestra era- la dinastía denominada «Shang» consolidó los diversos territorios que habían decidido su unidad política y social; en este tiempo, se utilizaban técnicas y utensilios guerreros para luchar contra las tribus vecinas, tales como el carro de guerra, lo cual significa que ya se conocía la rueda.

Los diversos emperadores-sacerdotes que gobernaron durante los quinientos años que duró la dinastía señalada cambiaban constantemente su residencia, por lo que tan pronto su corte se hallaba en una ciudad como en otra. Cuando el emperador-sacerdote moría eran sacrificados los miembros de su cortejo.

Debido a los continuos traslados del emperador-sacerdote, el patrimonio y los bienes reales sufrían sensibles pérdidas, por lo que los vasallos debían aportar más parte de sus territorios al rey, lo cual iba creando descontento entre aquéllos.

Durante el siglo Vl (a. C.), la dinastía «Chou» ve limitado el poderío y las prerrogativas de sus emperadores, mientras los vasallos, y sus feudos, incrementan su independencia, al tiempo que forman como especie de principados. A causa de todo ello sobrevienen una serie de luchas que dividen al imperio; los nobles se arruinan y tienen que acudir a los campesinos y a los siervos para que les ayuden en las luchas. Por todo ello, clases sociales que hasta entonces habían sido relegadas cobran una importancia capital. Además, comienzan a ascender en la escala social los comerciantes que pretenden dominar, mediante el cobro de tributos, de los cuales dependían los suministros y las provisiones de la ciudad, determinadas parcelas del Estado.

A este tiempo que hemos descrito se le llamaba la «era de la confusión», pues China se fragmentó en miles de pequeños territorios con su propio Estado independiente. Sin embargo, y aunque parezca paradójico, fue un tiempo en el que la actividad artística e intelectual destacó por encima de la división y la fragmentación; profetas y personajes notorios difunden sus prédicas doctrinarias, morales y éticas, por los diversos territorios. Es la época en que Confucio y Laotseu pregonan sus mensajes tan significativos; el primero confeccionará una obra moral, cuyo pilar será la tolerancia, mientras que el segundo invita a los seres humanos a seguir el camino recto.

En el siglo Vl (a. C.), por tanto, cobra importancia la vida y la obra de los dos personajes mencionados, pero también hay que destacar que la incidencia de sus teorías logró crear seguidores tales como el filósofo Motse, partidario de la paz y de la armonía universal y contrario a la violencia y a los enfrentamientos bélicos.

Esos territorios divididos van a ser administrados por una casta que, poco a poco, irá afianzándose, y a la cual se la denominará el funcionariado; la importancia de las urbes, en oposición a las zonas rurales irá en aumento y, como consecuencia de todo ello, una nueva clase social que habita los centros administrativos comienza a emerger: es la burguesía.

Las luchas entre los diversos estados por lograr la hegemonía dan como resultado el triunfo de la dinastía «Ch’in», hasta entonces un reino fronterizo de poca extensión situado en la zona occidental; su perfecta organización y estructura lograron el triunfo sobre el resto de los principados. Durante quince años, la dinastía «Ch’in» se propondrá la unificación de los diversos territorios en un Estado central, para lo cual divide al país en provincias y comandancias.

Durante ese tiempo, es decir durante los años que la dinastía «Ch’in» ocupó los centros de poder, se reformó el sistema de medidas y pesas hasta entonces imperante para que existiera total unanimidad entre los distintos principados y provincias. Lo mismo ocurrió con la escritura, que también se intentó simplificar para facilitar el mutuo entendimiento entre la diversidad de poblaciones. De este modo se aseguraban las transacciones comerciales y la comunicación entre instituciones e individuos.

En el año 213 (a. C.) acaecen los primeros vestigios de la censura y el control sobre el saber, la cultura empieza a ser peligrosa y, al propio tiempo, la memoria histórica deberá borrarse porque así lo ordenan los gobernantes. En el año citado, Huang-Ti, con la excusa de hacer desaparecer la tradición feudal, y cuando en China la cultura y la erudición habían alcanzado cotas inigualables, inició una especie de purga entre las personas más significativas, desde el punto de vista cultural, de su Estado; y, además, ordenó quemar todos los libros que aludieran en sus textos a las teorías de Confucio. Sólo los libros técnicos podrían salvarse de la quema. Como se puede apreciar, el «Fahrenheit 451» de Bradbury con más de dos mil años de adelanto.

El poderoso emperador Huang-Ti no sólo quemó cuantos libros existían en aquella época, sino que también mandó ejecutar a quienes estaban considerados como intelectuales. Sin embargo, algunas de las personas que sobrevivieron a semejante barbarie dictaron nuevamente los textos confucianos a los escribientes, y a sus discípulos, ya que se los habían aprendido de memoria.

Durante los tiempos de la dinastía «Ch’in» las continuas y crecientes invasiones de pueblos guerreros, como los hunos, obligaron a la construcción de fortalezas de contención de los ejércitos enemigos pero, sobre todo, se inició el ambicioso proyecto de la denominada «Gran Muralla» que, en un principio, consistió en tapias gruesas de tierra.

Interior del templo de la sabiduría en Pekín

Interior del templo de la sabiduría en Pekín

Las diferencias entre los distintos estamentos sociales que se sentían sometidos a un control y centralización crecientes produjeron profundas desavenencias y en el año 206 (a. C.) Ia dinastía «Han» -la occidental- inicia la democratización del Estado y se distribuyen, de forma racional, sus funciones, para dar solución a la incipiente burocratización. Se consigue controlar y dirigir los transportes y el comercio, y se refuerzan las fronteras. Se distribuye la riqueza hidráulica para evitar los denominados pleitos de regantes y, además, se anulan una serie de impuestos que, hasta aquí, provocaban el descontento.

Los hunos son derrotados y acaece, como consecuencia, la expansión de las fronteras chinas, mientras los perdedores se retiran hacia el oeste.

La importancia del comercio va en aumento y se crea la llamada «ruta de la seda», que relaciona y comunica los diversos continentes con un criterio mercantilista.

Finalmente, desde el año 25 (a. C.) hasta el 220 (d. C.) los emperadores de la dinastía «Han» -la oriental- harán florecer al Imperio chino, ensanchando su poderío con la conquista de otros territorios hasta llegar al golfo Pérsico. De este modo, China se ha recuperado de su anterior marasmo pero, hacia el año 100 (d. C.), las constantes luchas internas minan el Estado.

En ese tiempo, las discordias producidas a causa de la sucesión hacen emerger el poder de las emperatrices y sus adláteres, asesores o adjuntos; además, el poder político de los eunucos se acrecienta hasta alcanzar límites insospechados. Todo ello desembocará en un descontento general que provocará levantamientos como el ocurrido en el año 184 (d. C.), al cual se le denomina la rebelión de los «turbantes amarillos». El último emperador de la dinastía «Han» es obligado a dimitir y, en su lugar, se erigirá la llamada dinastía «Wei», que iniciará su andadura en el año 220 (d. C.).

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