Catedral de Milán: la complicada historia de su construcción

catedral Milán

La catedral de Milán tuvo una complicada historia desde los inicios de su construcción

La verdad es que hay grandes catedrales por todo el mundo, y basta con echar un vistazo a su historia para darse cuenta de que su construcción esconde muchos secretos, muchas batallas, muchos cambios de pueblos, y que al final son los que han dado origen a cada uno de sus detalles. Y precisamente dentro de historias curiosas de monumentos, tenemos a la catedral de Milán, de la cual hoy en Campo de Marte les vamos a contar todo.

La ciudad de Milán alcanzó su su apogeo político bajo el mando de los Visconti. Corría el siglo XIV, y fue en esta época cuando se comenzaron a construir sus cimentos. Y solo los cimientos, porque por aquel entonces, los burgueses donaban dinero para sacarla adelante, ya que la veían como un símbolo de poderío, pero la clase gobernante acaba destinando parte de ese capital a otras obras, y la construcción iba a un paso bastante lento.

No tardarían mucho en llegar los cambios político, ya que en el siglo XVI Milán cayó bajo el Imperio Español, y durante los siglos que reinó, durante la época entre el XVII y el XVIII, casi no hubo avances, yendo a un paso más lento todavía que el marcado por los Visconti, gracias a la ineficacia de los españoles en el campo.

A todo esto, pasamos ya al siglo XIX con Napoleón Bonaparte con ansias de poder, que había decidido coronarse como rey de Italia precisamente en la plaza de la Catedral, y con una fachada por terminar, la grandeza no sería lo que aquel emperador francés deseaba, por lo que contrato a dos proyectistas de estilo neoclásico, Pollak y Amati. En pocos meses, Napoleón consiguió lo que ni españoles ni italianos habían conseguido en siglos.

Y aún así, Napoleón solo consiguió que la catedral estuviese bien de fachada, porque la catedral de Milán, o el duomo como le llaman en Italia no sería dado por finalizado hasta 1965, ya en época contemporánea, cuando se colocaría la puerta principal.

Y si echan bien las cuentas, fueron nada menos que seis siglos los que hicieron falta para acabar de construir una catedral que era símbolo de la burguesía del siglo XIV y que paso a ser simplemente el símbolo de la revolución industrial. Así son las cosas de la historia.

Imagen | Tharnton

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