35 años de la Revolución Iraní

La Revolución Iraní es el único movimiento revolucionario de la Edad Contemporánea que no se ha basado en los ideales liberales. Su base es la religión islámica.

El pasado martes se cumplieron 35 años de la Revolución Iraní. Este acontecimiento supuso el derrocamiento del Sah y la instauración de una República Islámica dirigida por el ayatolá Jomeini. Hasta entonces, Irán había sido uno de los países más abiertos del Oriente Medio. Sin embargo, en 1979 su historia daría un giro de 180 grados, nunca mejor dicho. El país moderno, amigo de Occidente, daba la espalda al mundo y retrocedía en el tiempo para recuperar su esencia religiosa. Este movimiento de carácter islamista era la primera revolución de la Edad Contemporánea que no se basaba en las ideas liberales: ha sido la única que ha ignorado los frutos de la Revolución Francesa.

Mientras el mundo progresaba en materia de derechos, gracias entre otras cosas al movimiento feminista, Irán se dedicaba a cortar las alas de la libertad a sus habitantes. Las mujeres fueron el principal objetivo. El islamismo siempre ha ido en contra del movimiento de liberación de las mujeres, el cual ha demonizado y castigado severamente. Hoy en día, Irán sigue siendo un país carente de derechos y libertades individuales, no obstante, algo parece que está cambiando.

La llegada el poder del presidente Hasan Rohaní hace unos meses dio carpetazo a la etapa oscura que presidió Mahmud Ahmadineyad, empeñado seguir a rajatabla los principios de la revolución de 1979. El regreso a las tradiciones islámicas se confundió con el odio profundo a Occidente y, más concretamente, a Estados Unidos. Afortunadamente, Rohaní ha cambiado el papel de Irán a escala internacional. Gran parte de culpa la tiene el paso que ha dado el presidente, nada más hacerse con el cargo, de negociar el programa de energía nuclear.

Irán siempre ha estado en el punto de mira de las potencias occidentales. Su posición estratégica y su papel clave en la guerra energética que se lleva desarrollando desde hace mucho tiempo, provoca que el mundo entero esté constantemente pendiente de esta región de Asia. Un buen ejemplo fue lo que provocó la propia Revolución Iraní. Por una parte, desencadenó una guerra. Irán e Iraq se enfrentaron por diversos motivos, entre los que sobresalían el territorial y el ideológico. Fue algo así como una disputa entre un Estado religioso (Irán) y un laico (Iraq) por el control de la región de Shatt al-Arab, de importancia por su situación geoestratégica. Mientras que, por otra parte, provocó la segunda crisis del petróleo, evidenciando el control que tenía la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) sobre los precios del petróleo y, en definitiva, sobre la prosperidad de los países occidentales.

Foto: Jeanne Menj

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