Ikebana: arreglos florales de tradición japonesa

Aunque las culturas orientales poseen muchos elementos similares a los nuestros, también presentan algunas diferencias. Una de ellas es su concepción de la Naturaleza como algo unido al estado de ánimo del Hombre. Y fruto de ésta son creaciones como el Ikebana o arte floral japonés que en este artículo analizamos.

Las culturas asiáticas son similares, en muchos aspectos, a las occidentales. Al fin y al cabo, el ser humano es igual en todas partes. Sin embargo, también presentan algunas características que las diferencian de las nuestras y que, por cierto, cada vez cuentan con más aceptación en nuestra parte del mundo. Un buen ejemplo de ello es la interrelación que muchas de ellas establecen entre la Naturaleza y el propio Hombre o, por decirlo más concretamente, entre las energías de aquélla y los estados de ánimo de éste, como sucede con el Feng Shui.

Fruto de esta idea, nació el Ikebana (traducido libremente, “colocar flor”), que podríamos definir como una forma de arreglo floral que se basa en antiguos conceptos filosóficos. Así, el creador de este tipo de jardines sigue unas normas de conducta: debe guardar silencio mientras trabaja para así apreciar mejor la Naturaleza. Además, su lento trabajo le ayuda a ser más paciente y tolerante. Con todo ello, consigue una relajación, no sólo física, sino también mental y espiritual.

Foto de un arreglo floral siguiendo el Ikebana

Un arreglo floral realizado siguiendo las técnicas del Ikebana

El origen del Ikebana se remonta a las antiguas ofrendas florales que los monjes realizaban a Buda. Un sacerdote japonés llamado Ono No Imoko, al comprobar el desorden con que estas ofrendas se hacían, creó una escuela de jardinería conocida como Ikebono y que mostraba técnicas para que los altares del dios quedasen realzados por la belleza de los ornamentos florales. Así continuó haciéndose, aproximadamente, hasta el siglo XV, cuando Japón vivió su propio Renacimiento cultural.

En esos momentos, la jardinería se convierte en un arte que trasciende los monasterios y penetra también en lo civil. Con ello, comienzan a aparecer distintas escuelas de Ikebana que han ido evolucionando hasta nuestros días y que presentan, fundamentalmente dos vertientes: una más tradicional –el Rikka– y otra más ecléctica e innovadora –el Shoka-.

El Ikebana ha pasado a Occidente como un mero arte floral, omitiendo todos sus componentes filosóficos. Pero realmente, aunque éstos son interesantes, no son necesarios para disfrutar de esta disciplina. Basta con que sus cultivadores tengan la suficiente sensibilidad como para apreciar las múltiples formas y mezclas que la Naturaleza ofrece por sí sola. Y ésta posee tal riqueza de variedades y belleza que la sencilla contemplación de las diferentes combinaciones de plantas y flores, que muchas veces alteran su imagen según las estaciones, es un placer para los sentidos. Y ello por no mencionar la sensación relajante que uno de estos arreglos puede producir.

Fuente: Gran Canaria Web.

Foto: Ssedro.

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