Consejos para catar el vino

El vino, siempre presente en nuestra cultura, ha experimentado un auge extraordinario de popularidad en estos últimos años. Proliferan los coleccionistas, que reúnen poco a poco su propia bodega y hasta se ha inventado un nuevo tipo de negocio: la vinoteca.Para disfrutarlo, proponemos en este artículo datos interesantes sobre como catar el producto, a través de tres fases: la visual, la olfativa y la gustativa, así como los efectos que éstas deben ejercer en nosotros para que se trate de un buen vino

El vino ha experimentado en nuestro país un auge extraordinario en los últimos años. A la costumbre del “chateo” –tomar una copa o dos antes de la comida, como aperitivo- y de comer, en ocasiones, con vino, se han incorporado muchísimas personas, hasta tal punto que ha aparecido un nuevo tipo de negocio: las vinotecas. Cada vez son más quienes se interesan por este producto y su cultura. Y es que, en efecto, conocer el vino es toda una cultura: hay que saber cómo se debe conservar, qué vino elegir según el tipo de comida, qué normas hay que seguir para saborearlo, etc.

Nosotros proponemos aquí unos breves consejos para degustar este producto tan español, sin pretender caer en la pedantería, pues cada uno puede disfrutarlo como desee. La cata es un análisis sensorial de las propiedades del vino. Por tanto, se realiza a través de tres sentidos, los cuales son, por este orden, la vista, el olfato y el gusto.

Para apreciar visualmente el producto es necesario, en primer lugar, disponer de una copa transparente e incolora, que se rellenará no más de un tercio de su capacidad, y situarnos frente a una ventana traslúcida que provea suficiente luz natural. Situados de este modo, valoraremos la fluidez y consistencia del vino, su transparencia, su intensidad y su brillantez. Los defectos más frecuentes relacionados con la cata visual son la falta de brillo, que suele ser causada por la oxidación, y los relacionados con el color: opacidad o amarilleo en los tintos, palidez en los rosados, y tonos castaños o rojizos en los blancos. La falta de fluidez, sin embargo, no es ningún defecto, sino que indica alta graduación alcohólica.


Para analizar olfativamente el vino se debe mover la copa haciéndola girar, para que desprenda más sustancias volátiles, y después introducir sin miedo la nariz en la copa, aspirando fuertemente. Debemos diferenciar entre olores y aromas. Aquellos son lo primero que percibimos, mientras que éstos se aprecian por vía retronasal, una vez que la aspiración llega a la boca. De los olores debemos valorar que puedan individualizarse, que sean agradables, intensos, y limpios, sin tufos o mohosidad. De los aromas, que sean intensos y la armonía entre los mismos.

Por último, para analizar el gusto de un vino, debe tomarse un sorbo no muy grande y pasear el líquido por toda la lengua escupiéndolo después. El análisis gustativo se realiza en cuatro fases, cada una de las cuales viene a proporcionarnos información sobre cada uno de los sabores básicos del producto. Estas fases son: el ataque o primera impresión, que nos informa sobre el sabor azucarado del vino; la evolución o paso de boca, que nos informa sobre sus sabores ácidos y salados; la impresión final o final de boca, donde aparecen los sabores amargos; y, finalmente, el postgusto, apreciable tras escupir el líquido, y que resulta de la persistencia de un sabor concreto.

Hemos completado el proceso de la cata. Así saborearemos mejor el vino. Pero, como decíamos antes, cada uno que lo beba como guste, aunque, eso sí, con moderación.

Fotos: vino tinto: Flickr en Wikipedia | Fermentación del vino: Eleassar en Wikipedia

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