Trasplante de órganos ¿qué es y cómo se hace?

El trasplante es un tratamiento médico complejo que permite que órganos, tejidos o células de una persona puedan reemplazar a esos mismos órganos, tejidos o células que se encontraban enfermos en otra persona. En algunos casos el trasplante supone salvar la vida de la persona que recibe el órgano, en otros, aunque no garantiza la curación de la dolencia, ofrece al paciente la posibilidad de mejorar su calidad de vida.

Army orthopedic surgeons Lt. Col. Chris Wilson (left) and Maj. Pat Pollock (center) work to repair a patient's congenital hand deformity as scrub nurse Leo Vasquez assists. The medical team is visiting Honduras as part of a hand-surgery Medi...

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Uno de los principales problemas que se encuentran los especialistas a la hora de llevar a cabo un trasplante, es la necesidad de encontrar un donante. Ese ha sido siempre uno de los temas más espinosos sobre los trasplantes puesto que supone privar de un órgano a una persona para dárselo a otra. La única solución es que, cuando una persona ha fallecido sin que sus órganos hayan resultado dañados por una enfermedad, sean esos órganos los que se trasplanten a aquellas personas que los necesitan

Pero esta cuestión, aparentemente sencilla, se complica cuando empezamos a analizar en qué casos, los órganos de la persona que fallece pueden ser donados. El primer problema está en que , para que los órganos no se deterioren, el donante debe fallecer en el hospital, de tal manera que los órganos puedan ser “mantenidos de forma artificial” por los médicos hasta el momento de la extracción. Para ello, lo que van a hacer los sanitarios es mantener a la persona en una situación de ventilación mecánica en la que su corazón siga bombeando sangre solo gracias a la ayuda de una máquina.

Es en este momento cuando los médicos proceden a solicitar a la familia del donante que firme el consentimiento para la extracción de los órganos. Se trata de un momento duro, difícil de sobrellevar apara médicos y familiares, pero necesario para salvar vidas.

Cuando la familia ha sido informada y ha dado el consentimiento, se procede a extraer los órganos que hayan sido autorizados y se pone en marcha un complejo proceso para encontrar receptores.

¿Qué se puede donar?

;For a kidney transplant, an incision is made in the lower abdomen (A). The donor kidney is connected to the patient's blood supply lower in the abdomen than the native kidneys, which are usually left in place (B). A transplanted ureter connects the donor kidney to the patient's bladder (C). (Illustration by GGS Inc.)

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En condiciones óptimas, es decir, si la familia consiente que se donen todos los órganos y tejidos posibles, una persona puede donar los riñones, el hígado, el corazón, el páncreas y los pulmones, así como tejido óseo, las córneas, las válvulas cardíacas o el intestino.

En los últimos meses, no obstante, se está hablando mucho de la donación de ciertas partes de la piel como la cara, o de extremidades como los brazos, que puede servir para reconstruir mediante un trasplante el rostro de un paciente desfigurado, o para devolver las articulaciones a personas que han sufrido una amputación. Sin embargo, estamos hablando de casos todavía muy excepcionales que no atiendan a la casuística general.

¿Qué se hace cuando ya tenemos los órganos?

El proceso de búsqueda de un receptor comienza en el mismo momento en que se da el consentimiento a la donación, puesto que el tiempo es fundamental en los trasplantes. Cuanto menos tiempo pase entre el momento en que el órgano se extrae y el instante en que es injertado en el receptor (lo que se conoce con el nombre de isquemia), más posibilidades hay de que el órgano donado funcione bien en su nuevo cuerpo.

Aunque lo ideal sería que todos pudiésemos donarnos entre todos, la realidad es que hay que cumplir determinadas características para ser receptor de un órgano: es cuando se empieza a hablar de la compatibilidad entre donante y receptor.

Decir que dos personas son compatibles implica que tienen el mismo grupo sanguíneo y los “mismos” antígenos HLA (un tipo de anticuerpos que rodean a la célula y que hace que nuestro organismo no la vea como un cuerpo extraño, es decir, como a un intruso al que debe destruir). Decimos “mismos” porque solo los gemelos dénticos tiene los mismos anticuerpos HLA, por lo que lo que se trata de encontrar en estos casos, esla mayor similitud posible entre los del dónate y los del receptor.

Una vez que somos compatibles a nivel clínico en ese sentido, hay que fijarse en otras características que favorecerán el éxito del injerto, como el tamaño del órgano o la edad de los pacientes. Así, un órgano de un adulto no se podrá trasplantar a un niño, ya que sus órganos son muchos más pequeños y viceversa.

Analizado todo esto, el último elemento “clínico” que se contempla es el de la gravedad del paciente: cuanto más grave, más prioridad.

El hecho de que la supervivencia del órgano fuera del cuerpo humano sea limitado, hace que los médicos tengan que emplear otro criterio a la hora de asignar el órgano: el geográfico. Así , una vez extraídos los órganos, los responsables de la coordinación de trasplantes buscarán al receptor entre los hospitales más cercanos, para garantizar que la isquemia sea mínima.

Ya tenemos receptor

Encontrados los receptores, los órganos donados se derivan a los diferentes hospitales en los que tendrán lugar los trasplantes.

Cuando los centros reciben el órgano lo insertan en el cuerpo del receptor mediante una compleja cirugía en la que extraen el órgano dañado y lo sustituyen por el nuevo, concretando cada vena, arteria, nervio y demás, para que el nuevo órgano pueda cumplir su función. Después de la intervención llega el momento más crítico: la espera para ver si el órgano trasplantado es aceptado o no por el cuerpo del receptor. Es lo que se conoce con el nombre de rechazo.

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El rechazo del órgano injertado se produce cuando el cuerpo del receptor reacciona atacando a ese órgano, ya que lo identifica como algo extraño al cuerpo del individuo y , por lo tanto, como algo perjudicial. No hay forma alguna de garantizar que esto no suceda pese a que donante y receptor sean aparentemente compatibles, dado que nuestro sistema inmunológico es bastante perfecto, y por lo tanto, bastante difícil de engañar en este sentido. Por eso, los médicos intentan “atontar” al sistema inmunológico de la persona que recibe el órgano con los conocidos como fármacos inmunosupresores. Gracias a su acción, nuestros anticuerpos no funcionan la 100% de su capacidad y , por lo tanto, logramos que nuestro nuevo órgano les engañe. El inconveniente, sin embargo, es que también están más “atontados” para identificar a virus, bacterias y microorganismos que sean realmente nocivos, por lo que la persona que está tomando este tipo de fármacos es más vulnerable a cualquier infección.

Después de un trasplante de órgano, se pueden producir tres formas de rechazo y no todos ellos significan necesariamente la pérdida del órgano. De hecho, más del 90% de los rechazos agudos pueden tratarse con éxito con las modernas pautas de inmunosupresión.

El rechazo hiperagudo es el primero que podría presentarse. Es uno de los escenarios más desalentadores porque implica que el cuerpo del receptor rechaza el órgano minutos después de que le hay sido injertado. La buena noticia es que los avances en las pruebas de compatibilidad han hecho que este tipo de rechazo prácticamente sea inexistente.

El segundo tipo de rechazo que podemos encontrar es el rechazo agudo. En este caso, el órgano es rechazado durante los primeros meses después del trasplante y, desafortunadamente, es bastante habitual, aunque tratable y reversible con medicación.

Finalmente nos encontramos con el rechazo crónico, la fase en que la función de un órgano trasplantado está crónicamente deteriorada y finalmente puede producirse la pérdida del injerto. Se trata de una situación a la que irremediablemente se llega, aunque depende mucho de cada persona el tiempo que se tarda en llegar a ella. Por ejemplo, sabemos que la supervivencia media de un riñón trasplantado en el cuerpo del paciente es de 10 años y cifras parecidas son posibles también para hígado y corazón. Tras el fracaso de un primer injerto es posible realizar un segundo o tercer trasplante. Las supervivencias actuales más prolongadas con un mismo órgano trasplantado son: riñón 33 años; hígado 26 años; médula ósea 22 años; corazón 21 años; páncreas 17 años y pulmón 11 años.

Después del trasplante

El trasplante permite a la persona que recibe el órgano mejorar su calidad de vida y hacer una vida lo más parecida posible a la de una persona normal. No obstante, las revisiones y controles médicos y la toma de medicamentos es algo con lo que va a tener que convivir para siempre el receptor de un órgano.

Los actuales inmunosupresores y la nueva medicación son los elementos más importantes para el mantenimiento y éxito de los trasplantes, la evolución depende de su correcta administración, los medicamentos que ingiere frecuentemente una persona trasplantada son:

Inmunosupresores: es la medicación que permite bloquear las defensas naturales que el organismo genera contra el órgano extraño, de ahí la importancia del cumplimiento de las indicaciones. Actualmente se utilizan combinaciones de dos o más drogas para aumentar sus efectos y permitir una mejor adaptación del órganos trasplantado.

Antibióticos: Es conveniente que todos los pacientes trasplantados reciban durante seis meses a un año un tipo de antibiótico como preventivo de infecciones pulmonares, gastrointestinales y urinarias por gérmenes específicos
Protectores gástricos.

Al margen de estas precauciones y de extremar la higiene para evitar posibles infecciones, la persona trasplantada podrá volver a hacer una vida normal.

Bibliografía y enlaces relacionados:

Web oficial ONT (Organización Nacional de Trasplantes):http://www.ont.es/Paginas/default.aspx

Web oficial Sociedad Española de Trasplantes: http://www.setrasplante.org/

Gafo, J; Gracia Guillén, D: Trasplantes de órganos: problemas técnicos, éticos y legales. Universidadde Comillas 1996

Es conveniente que todos los pacientes trasplantados reciban durante seis meses a un año un tipo de antibiótico (Bactrím Forte) como preventivo de infecciones pulmonares, gastrointestinales y urinarias por gérmenes específicos.

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