El ciclo del agua

El ciclo del agua, que permite que se produzcan las precipitaciones, es un proceso complejo en el que intervienen diferentes elementos y que comienza cuando el sol, el director de orquesta del ciclo del H2O, comúnmente conocido como agua, calienta el agua de los océanos, que evapora hacia el aire como vapor de agua.

Por extraño que pueda parecernos, ya que apenas nos damos cuenta de que existe y se produce de manera constante sin que tengamos que hacer nada para ello, el ciclo del agua, que permite que se produzcan las precipitaciones, es un proceso complejo en el que intervienen diferentes elementos y que comienza cuando el sol, el director de orquesta del ciclo del H2O, comúnmente conocido como agua, calienta el agua de los océanos, que evapora hacia el aire como vapor de agua.

Los océanos son, por lo tanto, otros de los grandes protagonistas del ciclo del agua. Y no es extraño si tenemos en cuenta que el 90 % del agua que se evapora hacia la atmósfera procede de estas cinco grandes masas líquidas y que los océanos son la fuente en la que se encuentra casi el 97% del agua del planeta. El otro 10% del agua que va a la atmosferaprocede de la transpiración de la plantas.

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La evaporación del agua de los océanos, mares, lagos, ríos, etc, da lugar al inicio de un nuevo ciclo del agua. Al recibir el calor, el agua pasa de su forma líquida a su forma gaseosa y asciende hacia la atmosfera, donde queda almacenada. Un dato importante es el que indica que, a escala global, la misma cantidad de agua que es evaporada, vuelve a la Tierra como precipitación. No obstante, la proporción de agua caída en forma de lluvia varía geográficamente y mientras que sobre los océanos, la evaporación es más común que la precipitación; sobre la tierra la precipitación supera a la evaporación. Esto implica, no obstante, que la mayor parte del agua que se evapora de los océanos, cae de vuelta sobre los mismos como precipitación, y por ello el volumen de agua que estos tienen se mantiene más o menos constante a lo largo del tiempo.

Solamente un 10 por ciento del agua evaporada desde los océanos, es transportada hacia tierra firme y cae como precipitación tras permanecer una media de diez días suspendida en el aire.

Y es que, aunque parezca difícil de creer, siempre hay agua en la atmósfera. Las nubes son la forma más visible del agua en la atmósfera, pero incluso el aire limpio contiene partículas de agua que son muy pequeñas como para ser visibles. El volumen de agua en la atmósfera en cualquier momento es alrededor de 12,900 kilómetros cúbicos (3,100 millas cúbicas). Esto significa que si toda el agua de la atmósfera cayera como lluvia al mismo tiempo, cubriría la superficie terrestre con una capa de agua de 2.5 cm de espesor, alrededor de 1 pulgada. Pero la lluvia solo cae cuando esa agua evaporada previamente, se condensa.

La condensación es el proceso inverso a la evaporación y hace que el agua caiga a la tierra en forma de lluvia.

Las nubes que flotan sobre nuestras cabezas, contienen vapor de agua y gotas de nube (formadas por polvo y otros componentes de la atmosfera), que son demasiado pequeñas como para caer en forma de precipitación, aunque lo suficientemente grandes como para formar nubes visibles. El agua está continuamente evaporándose y condensándose en el cielo. De hecho, cuando observamos de cerca una nube, por ejemplo al ir en avión, podemos ver claramente que hay zonas en las que parece que desaparece (evaporarse) y otras partes da la sensación de que crecen (condensarse). La mayor parte del agua condensada en las nubes, no cae como precipitación debido a las ráfagas de aire ascendente que soportan a las nubes. Para que ocurra la precipitación primero tiene que haber gotitas que se condensan al chocar entre sí, por el calor que se desprende de sus choques. Entonces, cuando tras las colisiones se producen gotas de mayor tamaño, lo suficientemente pesadas para que la masa de aire que mueve la nube no pueda sostenerlas, caen de nuevo a la tierra produciendo las precipitaciones y devolviendo así parte del agua evaporado a la tierra.

Otros factores

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Pero no solo el agua que cae de la lluvia es importante para que se mantenga el ciclo del agua. El que procede del deshielo de los glaciares y de la nieve de las montañas también es básico para que este proceso pueda seguir produciéndose una y otra vez garantizando la vida en el planeta. Una parte del ciclo del agua que obviamente es esencial para la vida en la Tierra, es el agua dulce superficial. Simplemente pregúntale a tu vecino, a una planta de tomate, a una trucha o a ese molesto mosquito. El agua superficial incluye los arroyos, estanques, lagos, reservorios (lagos creados por el hombre), y humedales de agua dulce.
La cantidad de agua en los ríos y lagos está permanentemente cambiando, debido a las entradas y salidas del agua al sistema. El agua que entra proviene de las precipitaciones, de la escorrentía superficial, del agua subterránea que se filtra hacia la superficie, y de los ríos tributarios. La pérdida de agua de los lagos y ríos se debe a la evaporación y a la descarga hacia aguas subterráneas. Además los seres humanos usamos el agua superficial para satisfacer algunas de nuestras necesidades con lo que el necesidades.

A esto hay que sumar que, en cualquier parte del mundo, una parte del agua que cae como precipitaciones y nieve se infiltra hacia el suelo subsuperficial y hacia las rocas. Esa agua es el que las plantas utilizan para mantenerse con vida y es el que permite también que los ríos y los lagos vuelvan a abastecerse. Esto sucede cuando la cantidad de agua acumulada en el subsuelo es tan grande que vuelve a subir a la superficie. Los manantiales, por ejemplo se forman de esa manera.

Así, una vez que el agua ha vuelto a la superficie, queda expuesta de nuevo a los rayos del sol que permiten que se evapore y comience de nuevo el ciclo.

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