El baile, cuestión de genética. No hay nada que hacer

En muchas especies de animales, el macho corteja a la hembra con vistosas danzas. En el ser humano las cosas parecen marchar al revés y es la mujer la que mejor baila. Existen factores genéticos de por medio contra los que poco podemos hacer

Primero saca el pie derecho y luego el izquierdo, vuelta atrás y empieza de nuevo. Así no, al revés. Esa es la frase que escucho cada vez que pretendo ponerme a bailar en una discoteca o pista de baile cualquiera. No encuentro actividad más desafiante que completar una pieza para bailar sin errores y supongo que muchos hombres, por no decir la mayoría se encuentran en mi caso o muy cercano a él. A veces uno siente envidia de ver como resulta ser un acto tan natural para las mujeres el ponerse a bailar por largos minutos y hacerlo con tanta gracia. Este talento lo tienen pocos hombres y por lo general lo hacen de manera profesional, semiprofesional o cuando menos amateur puesto que no es de uso corriente ver estos frikis diseminados por las discotecas. El caso de las mujeres es distinto y de cada 20 mujeres en una discoteca, probablemente sólo una de ellas desentone al bailar.

Pero ¿A que se deben estas diferencias tan marcadas entre hombres y mujeres? ¿Qué hace que casi ninguna mujer baile mal? Puede ser que haya un gran porcentaje de actitud de por medio también puesto que la imagen común en una discoteca es ver grupos de chicas bailando entre ellas, mientras que los hombres tomamos posiciones expectantes y más bien defensivas junto a la barra. Si por ahí nos animamos a bailar es más que nada para conocer a una chica y no porque disfrutemos del baile en sí.

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Imagen tomada de Flickr por morganchin

El caso es que en muchas especies de pájaros por ejemplo, el macho es el que se contonea y danza alrededor de la hembra en el ritual del cortejo previo apareamiento y vaya que está capacitado para hacerlo muy bien. En el caso del ser humano la cosa parece marchar al revés y es la mujer la que seduce al hombre con sus movimientos siempre estéticos y acompasados.



Quizá el tema vaya por la distribución de su peso. No creo que las curvas femeninas estén solo de adorno, además acarrean menos peso que el hombre y, por lo general, su centro de gravedad se encuentra unos centímetros más abajo que el de los hombres, lo que podría marcar enormes ventajas a la hora del baile. En una oportunidad escuché a alguien decir por allí que todo se reduce a que las articulaciones son más finas en la mujer y allí radica su ventaja a la hora del baile. Todas estas teorías pueden ser válidas desde el punto de vista de la Física y de la Biomecánica pero el factor actitud necesariamente tiene que estar presente. Así parece confirmarlo un estudio que se hizo acerca de la influencia de los factores genéticos en el baile. Este estudio se llevó a cabo en el Schenfeild Center for Genetic Studies de la Universidad Hebrew en Israel sobre un universo total de 85 bailarines y sus padres. Evidentemente a esta predisposición genética hacia el baile, habría que sumarle cierto aprendizaje durante algún tiempo y horas de práctica para que el resultado sea un gran bailarín.

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Imagen tomada de Flickr por morganchin

Este estudio fue conducido por el psicólogo Richard Ebstein quien sostiene que los bailarines tienden a poseer dos variantes de genes que se relacionan con la transmisión entre células nerviosas. Uno de estos genes se encarga del transporte de la serotonina, neurotransmisor asociado a los estados de ánimo. El segundo gen hace las veces de receptor de la vasopresina que es una hormona asociada con nuestra capacidad de socialización. Para realizar este estudio, el doctor Ebstein y su equipo se basaron en la hipótesis de que el ser humano nace con ciertas predisposiciones hacia el desarrollo en ciertas áreas con mayor éxito. Fue así que además de los bailarines, incluyeron en el estudio a un grupo de 91 atletas de competición y 872 personas que ni bailaban ni hacían deporte regularmente. Las muestras genéticas del universo total fueron comparadas entres sí y se descubrió que los bailarines también tenían talento para el desarrollo de aptitudes musicales que el resto de las personas estudiadas. Pero lo concluyente del estudio apuntaba hacia los genes asociados al baile bajo la forma de actitud y de predisposición a la socialización. Por tanto concluyeron que el baile era más bien un vehículo hacia la interrelación con las demás personas. Eso en cuanto a la predisposición para el baile me dejaba más o menos tranquilo, ciertamente ya no era mi culpa el no saber bailar y un gran peso me fue quitado de encima pero otro estudio que leí me devolvió la misma preocupación y hasta más.

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Imagen tomada de Flickr por punki

En efecto, el segundo estudio que pude leer, concluía que los hombres que bailan bien atraen más a las mujeres. No me terminaba de levantar y me cayó otro mazazo que me hizo rodar por los suelos. Este estudio encontró la relación entre los buenos bailarines y la simetría que ostentan en su físico, y la simetría es lo que buscamos todos en nuestras parejas de manera instintiva. Así es, la simetría la asociamos inconscientemente con una mejor genética, misma que se extiende a otras áreas como mayor facilidad para correr y por tanto para cazar. La naturaleza humana sigue pensando en términos primitivos a la hora de escoger a la pareja. Además, una buena simetría asegura una buena descendencia, otra variable fundamental para la naturaleza. Este estudio fue conducido por el doctor William Brown en la Universidad de Rutgers en los Estados Unidos.

El universo para la muestra fueron 183 bailarines jamaiquinos. Se les grabó a todos bailando la misma canción, en el mismo escenario durante un minuto y se seleccionó a los 20 mejores y los 20 peores tomando en cuenta medidas simétricas de cuerpo y de desplazamiento previamente hechas. Luego se mostraron sólo imágenes de estos bailarines en movimiento a 155 personas. Las imágenes no contenían ni rostros ni cuerpos, sólo siluetas. ¿El resultado? Los bailarines más simétricos fueron mucho mejor calificados sobre todo por las mujeres. Parece que tendré que buscar un estudio que me favorezca, aunque ya empecé a perder la esperanza.

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