¿Cómo se predice el tiempo?

Aunque a veces creamos que los “hombres del tiempo” son incapaces de acertar, debemos tener en cuenta que la meteorología es una ciencia compleja que requiere de la interpretación adecuada de los datos que recogen numerosos aparatos de las estaciones meteorológicas.

¿Cuántas veces has visto o escuchado la previsión del tiempo y te has decepcionado al comprobar que ninguna de las previsiones de los meteorólogos se ha cumplido? Seguramente, la sensación sea familiar para todos y cada uno de nosotros, sin embargo, cada vez que pensemos en la poca fiabilidad de las previsiones, deberíamos recordar cuantas veces han acertado (muchas más de las erróneas) y sobre todo, tener en cuenta que la meteorología es una ciencia compleja que se vale de complejas herramientas para arrojar un rayo de luz sobre lo que nos espera (atmosféricamente hablando) en el futuro más cercano.

A pesar de que la mayor parte de las ciencias tienen su origen en los laboratorios, en el caso de la meteorología, son las denominadas estaciones meteorológicas las que  junto con los satélites, nos permiten estudiar el comportamiento del tiempo. Anémomètre (aparatos que miden la fuerza del viento), pluviómetros (para medir la cantidad de precipitación), termómetros, veletas (medición de la dirección del viento), heliógrafos (que miden la insolación del suelo), higrómetros (humedad) o piranómetros (medición de la radiación solar), son algunos de los aliados con los que cuentan los “hombre y mujeres del tiempo” para predecir lo que pasará mañana.

Mapa del tiempo. Imagen: MeteoSchweiz.ch Wikimedia Commons

Así, mediante el estudio de los fenómenos que ocurren en la atmósfera la meteorología trata de definir el clima, predecir el tiempo y comprender la interacción de la atmósfera con otros subsistemas para establecer una predicción fiable de cómo van a evolucionar los movimientos de las borrascas, las masas de aire o los fenómenos tormentosos. Como hemos comentado, esto no es sencillo y supone la existencia de un compleja red de estaciones de medición que, cada tres horas, envían  todos los datos recogidos a los servicios regionales encargados de centralizarlos, analizarlos y explotarlos.

Es entonces cuando entra en juego la pericia de los especialistas que, en función de cómo se ha producido el patrón evolutivo en esas tres horas son capaces de aventurar cómo las perturbaciones se forman o se resuelven en función de si están subiendo o bajando la presión y de temperatura, de si aumenta o disminuye la fuerza del viento o de este si cambia de dirección y si las masas de aire que se dirigen hacia tal región son húmedas o secas, frías o cálidas, etc.

De ahí que en algunos casos, cuando las masas de aire se comportan de manera inestable y adquieren un patrón de evolución que no responde a lo común, sea más difícil acertar en las previsiones. Fallos bastante lógicos y perdonables si tenemos en cuenta todos los elementos que necesitamos tener en cuenta para predecir el comportamiento de los fenómenos meteorológicos.

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