Taekwondo: la vertiente formativa de una disciplina milenaria

Es bastante común a los deportes orientales, en especial a cualquier arte marcial, el hecho de poseer, además de una vertiente competitiva, otra más importante de carácter formativo. Así ocurre también con el taekwondo, una disciplina milenaria muy popular en Occidente y cuyos principios vitales repasamos en este artículo.

Aunque las técnicas del taekwondo se han unificado en una época relativamente reciente con objeto de realizar competiciones deportivas, se trata de una actividad milenaria que se basa en un antiguo arte marcial coreano denominado taekkyon de cuya práctica se han hallado evidencias arqueológicas en tumbas de hace dos mil años. No obstante, el taekwondo actual, regularizado por el Kukkiwon o Academia Mundial, ha tomado elementos del kung-fu y del karate.

Pero, como casi todas las artes marciales, el taekwondo es más que un compendio de patadas y puñetazos más o menos perfeccionados. Se trata de toda una filosofía de vida que toma como base aspectos del confucionismo, el taoísmo (el tao u orden natural de la existencia) e incluso del nacionalismo coreano.

El taekwondo también tiene una vertiente competitiva

El taekwondo también tiene una vertiente competitiva. En la foto, un combate.

Así, el taekwondo parte de dos principios esenciales, el Amor fraternal y la Ciencia, de los que se derivan seis normas de conducta. La primera es la cortesía (o Ye Ui) que impone a los practicantes de esta disciplina poseer un carácter noble con objeto de lograr una sociedad armoniosa. En segundo término se halla la integridad moral (o Yom Chi), consistente en saber diferenciar lo bueno de lo malo y, sobre todo, en reconocer las malas acciones y buscar redimirse de ellas. Por su parte, el tercer principio es la perseverancia (In Nae), entendida como el esfuerzo continuado y paciente en busca de un objetivo, única forma de lograr la prosperidad.

La cuarta norma es el autocontrol (Guk Gi), definido como la posibilidad de dominarse a uno mismo así como vivir y trabajar dentro de las propias capacidades personales, sin exigirse más de lo que uno puede dar. En cuanto a la quinta, es el espíritu indomable (Baekjul Boolgool) que indica el comportamiento ante lo injusto: si bien el practicante de taekwondo debe ser siempre modesto y honrado, ante una injusticia actuará siempre de forma combativa, sin tener miedo ni reparar en el poder o número de los enemigos.

Por último, en sexto lugar se encuentra el amor por el silencio que expresa que un buen cultivador de esta disciplina no hablará si no puede mejorar aquél. En suma, se trata de toda una filosofía de vida que, en Occidente, se suele dejar un tanto de lado en beneficio de su faceta competitiva. No obstante, en Oriente –especialmente en Corea– aún existen muchas escuelas que, sin menospreciar ésta, continúan centrándose en su carácter formativo para la vida cotidiana.

Fuente: Federación Mundial de Taekwondo.

Foto: Texas Taekwondo.

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