¿Qué es la dialéctica erística?

El arte de discutir fue una de las premisas que desarrolló el filósofo alemán a fines del siglo XIX.

Schopenhauer, bueno en el arte de discutir

Según Schopenhauer, autor alemán que escribió a finales del siglo XIX, de amplia influencia en los nuevos paradigmas de la filosofía y la filología que surgen luego de su obra, la dialéctica erística es el arte de discutir, pero de discutir de manera que se logre que el auditorio considere que uno tiene razón, tanto lícita como ilícitamente.

Para Schopenhauer es la maldad del género humano la razón por la cual esto es posible. Plantea que el ser humano es tan vanidoso que no deja de esforzarse en derrotar a su adversario, incluso cuando se sabe que el argumento del rival es superior al que uno está presentando. Además de la maldad natural, también influyen la tendencia a la charlatanería y la improbidad. En definitiva, quien resulta ganador de una discusión no lo es tanto por la potencia de su argumento, sino sobre todo por la conjunción entre la certeza de juicio utilizada al exponer su tesis y la astucia y habilidad con que la defendió.


En todo debate debe plantearse una tesis o problema y, a continuación, axiomas que serán utilizados para resolver el problema o la tesis planteada. En definitiva, la argumentación no es para Schopenhauer más que una red de conceptos que se interrelacionan y significan. Estas relaciones son, en principio, cuatro: 1) su definición, o 2) su género, o 3) su característica particular, o 4) su accidens, alguna cualidad cualquiera.

Al inicio de una discusión el interlocutor propone una “tesis”. Esa tesis puede ser refutada por tres modos o por dos vías.
Los modos pueden ser a) ad rem, que se refieren a la cosa de la que se habla, b) ad hominem, que se refieren a la persona con la que se discute, y c) ex concessis, que se refiere a las concesiones que el adversario ya ha concedido, por ejemplo, al aceptar una premisa previamente expuesta.

Las vías de refutación pueden ser la refutación directa, que ataca la tesis del otro desde sus fundamentos a fin de demostrar que tal tesis no es verdadera. También puede haber una refutación indirecta en la que se atacan las consecuencias de la tesis propuesta, a fin de indicar que su existencia no puede ser verdadera.

A fin de organizar la argumentación y potenciar las habilidades y potencialidades de quien argumenta, Schopenhauer propone una serie de estratagemas, para que, sin tener en cuenta si se tiene o no razón objetiva, se pueda construir en quienes actúan como receptores del acto discursivo la sensación (y en lo posible la certeza) de que quien está hablando lo está haciendo con la verdad de su lado.

Fotografía: Fred Sheanan

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