El desconocido Herodes

Herodes el Grande murió en 4ac. Así pues, quien se llamaba “Rey de los Judíos” ha pasado a la historia por la única matanza de inocentes que nunca perpetró. Pero el hecho la Biblia el eligiera para encarnar el papel de malvado no es exactamente una casualidad. En el verdadero Herodes confluyeron un hábil estratega político, un padre cruel y desconfiado ii un líder despreciado por un pueblo que se convirtió en más de una ocasión en el blanco de sus frustraciones e iras. El rey que tendría que perseguir a Jesús y matar brutalmente todos los niños no podía ser, pues, ningún otro.

“Viéndose engañado por los tres reyes magos, el rey Herodes se enfureció y mandó matar en Belén todos los niños que tuvieran menos de dos años”. Poco podía imaginarse Herodes que este pasaje del Evangelio de Mateo le haría pasar a la posteridad. Sin embargo, el hecho de que se le atribuyera a él la matanza de los Santos Inocentes no es exactamente una casualidad. La única crónica que nos han llegado sobre la peculiar manera de hacer y de ser de Herodes es la escrita por el historiador judío Flavio Josefo, que, como todos los hebreos, detestaba el hombre que el imperio Romano los había impuesto como rey. En una narración implacable, Flavio Josefo se recrea en los episodios en los que puede mostrar un Herodes con las manos perpetuamente manchadas de sangre.

No podía ser de otra manera. Los días del rey Herodes empiezan con dos complots y dos asesinatos. Uno en Roma, en el año 44 aC, cuando Julio César fue apuñalado y otro en Jerusalén, un año más tarde, cuando el padre de Herodes y gobernador de Israel murió envenenado por los partidarios de Antígono, un personaje que pronto tendría un enorme apoyo popular. Herodes, en cambio, se había ganado a pulso el odio del pueblo como representante de su padre en Galilea, donde había aplastado brutalmente una revuelta. En aquella ocasión, las autoridades romanas el habían protegido de las denuncias del Sanedrín por aquella matanza. Pero entonces era diferente. Herodes sabía que no podía esperar nada de Roma en ese momento de desconcierto posterior a la desaparición de Julio César.

Una vez muerto el padre de Herodes, Antígono tenía, pues, las de ganar. A diferencia de Herodes, un idumeo de sangre árabe, Antígono pertenecía a la familia de los asmoneos, judíos de pura sangre. A los ojos del pueblo, los asmoneos eran los reyes legítimos de Israel, tal como siempre había sido desde la revuelta del año 164 aC y hasta la funesta entrada de Israel en el Imperio Romano. Decimos funesta para los hebreos tenían la sensación de que Roma era una lacra que no les aportaba nada bueno. Al contrario. Los dueños del Imperio no sólo ignoraban y traicionaban la ley de la Torá, sino que también se dedicaban a exprimir a base de impuestos.

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