Un tratamiento natural contra el estrés

El estrés es una de las enfermedades más comunes de hoy en día y, como nos acostumbramos a vivir con él, no nos damos cuenta de que puede ser muy peligroso. Es un factor de riesgo, por ejemplo, para las enfermedades cardiovasculares. Por otra parte, vivir aceleradamente nos permite disfrutar menos de lo que hacemos. Por todo ello, exponemos aquí unos sencillos pasos para combatirlo. Pueden parecer ridículos, pero no lo son y, por probarlos, no perdemos nada.

Todos hemos oído alguna vez eso de que antes se vivía más despacio. Realmente, es una gran verdad. Hoy, la vida diaria nos exige multiplicarnos, vivir aceleradamente. Desde los atascos de la mañana, ya nos parece que no nos va a dar tiempo a hacer todo lo que habíamos pensado, parece que vivimos en una permanente carrera tras el tiempo, tras el reloj. Y todo ello desemboca en la enfermedad más común de nuestro tiempo: el estrés.

Es muy complicado ofrecer una receta para evitarlo. Pero sí podemos enfrentarnos a él y aminorarlo con una sencilla técnica de relajación, que puede parecernos ridícula, pero que ha servido de ayuda a todos los que la han probado. Se trata simplemente de un ejercicio de respiración que no nos llevará más de veinte minutos. Los pasos son los siguientes:

En primer lugar, debemos buscar una posición cómoda. Se recomienda tumbarse en el suelo con una manta debajo y una almohada que eleve la frente ligeramente sobre la altura de la barbilla. Las piernas deben estar rectas y los brazos también, con las palmas de las manos a la altura de las caderas y hacia arriba.

Seguidamente, debemos concentrarnos en nuestro cuerpo, empezando por los dedos de los pies y subiendo hasta la cabeza, sintiendo como cada parte se relaja profundamente, en especial los órganos de los sentidos (los ojos, los oídos, etc).

En este estado de relajación, intentaremos dejar nuestra mente en blanco y pensar solamente en el ritmo de nuestra respiración. Iremos, progresivamente, inspirando y expirando cada vez de forma más profunda y más lenta. Si nuestro nivel de estrés es muy grande, al principio nos costará un poco de trabajo, pero debemos concentrarnos en ello.

Tras unos quince minutos realizando este ejercicio, nos encontraremos más relajados. En ese momento, debemos permanecer en la misma posición durante cinco minutos y luego incorporarnos quedando sentados en el suelo durante un momento, porque si nos ponemos de pié bruscamente corremos el riesgo de marearnos.

Sentados en el suelo, es conveniente desperezarse como si nos levantásemos de la cama. El ejercicio ha finalizado. Ya podemos seguir con nuestra actividad.

Es conveniente realizar esta sencilla práctica, al menos, una vez al día, en un momento en que ya no nos agobien las prisas -de nada sirve hacerlo rápido, por cumplir-. Seguro que aminoraremos nuestro estrés, nos encontraremos más calmados y con mayor vitalidad y energía para continuar con la rutina diaria.

Fotos: Atasco de tráfico: OsvaldoGago en Wikipedia | El trabajo: Peter Forster en Wikimedia

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