¿Qué esconde la manía de morderse las uñas?

La onicofagia ya se considera un transtorno obsesivo, y en casos muy extremos puede ser realmente destructiva.

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La onicofagia es una de las manías más populares

Las personas somos seres complejos llenos de manías, costumbres obsesivas y rarezas. Algunos son obsesivos con la limpieza, otros son incapaces de dormir con un cajón abierto, y una gran mayoría tiene una verdadera adicción a morderse las uñas compulsivamente. Este último comportamiento recibe el nombre de  Onicofagia, y está relacionado con la forma en que las personas enfrentan situaciones. Existen varias tipologías de ‘come-uñas': El que solo las arranca, el que además se las traga y el que dice que no se las come, pero se come los pellejitos de la punta de los dedos.

Millones de personas sufren esta adicción que a menudo resulta hasta dolorosa. Un hábito que se suele pasar por alto como algo sin importancia pero que, en ocasiones, puede ser más difícil de abandonar que dejar de fumar. Expertos médicos han dedicado más atención a esta adicción, cambiando el término ‘hábito’ por ‘transtorno obsesivo-compulsivo‘, El individuo no puede evitar morderse las uñas de manera repetitiva, pues es un comportamiento automático. Algunos psicólogos explican que la conducta responde a sentimientos de ansiedad o inseguridad, y es la manera de muchas personas de controlar la tensión que les producen ciertas circunstancias. Los rasgos comunes de este gran sector de la población mundial son el nerviosismo, sobre todo, la mala autoestima o el perfeccionismo.

Normalmente esta ‘manía’ aparece en la infancia, y por regla general desaparece con la edad. Las investigaciones han demostrado que su origen proviene de algo tan instintivo como mamar cuando éramos bebés. Una experiencia de seguridad, placer y protección que el cerebro asocia a las edad más tempranas cuando devoramos nuestras uñas y pellejos. Es fácil eliminar la conducta cuando aparece en niños, evitando las situaciones que le incitan a ello, pero en adultos la conducta es más generalizada, con lo que resulta muy complicado eliminar el hábito.

Existen tratamientos muy comunes para tratar la onicofagia, como los clásicos esmaltes con mal sabor, pero ésto no es una solución, sino un obstáculo. Puede que se abandone la conducta cuando las uñas estén cubiertas de esmalte, pero cuando se borre volverá la manía. Los tratamientos cognitivos son los más eficaces, pues es el propio individuo el que comprende lo desagradable que es para los demás verte mordisqueándote las uñas, y asume abandonar ese hábito por voluntad propia. Otros tratamientos comprensivos van más allá. Consta de un tratamiento psicológico en el que se llega a la raíz del problema, averiguando porqué surge la costumbre, y así resolver el problema.

Existen grados además dentro de la onicofagia. Se considera destructivo cuando afecta al uso de las manos o lleva a infecciones. Las manos cogen muchas bacterias que también agravan el riesgo de contraer resfriados y otras enfermedades producidas por los gérmenes que se ponen en contacto con la boca y los labios.

Ya hemos entendido que las manía llevadas al extremo no son nada positivas, pues pueden convertirse en verdaderas obsesiones dañinas para nosotros mismos.

Vía/ Psicología para todos

Foto/ Michael Benatar

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