Odontología: ¿qué es el bruxismo y cómo tratarlo?

Aunque la dentadura es muy importante para el organismo, a veces, no la tomamos todo lo en serio que deberíamos. Así ocurre con un problema muy frecuente que la afecta: el bruxismo, que, más que una enfermedad, es un síntoma de otras. Aquí explicamos en qué consiste.

La dentadura desempeña una función muy importante en nuestro organismo pero, a veces, tendemos a minimizar los problemas de salud que padece, bien por considerarlos poco graves o bien por pereza de visitar al odontólogo. Sin embargo, de no ser tratados, pueden degenerar en enfermedades y complicaciones serias. Esto es lo que ocurre con el bruxismo, aunque realmente no es una dolencia en sí mismo sino más bien un síntoma de otros problemas.

Podríamos definir el bruxismo como el hábito de apretar excesivamente los dientes o de hacerlos rechinar de forma involuntaria. En este sentido, distinguimos entre el céntrico, cuando se realiza lo primero, y el excéntrico, cuando se hace lo segundo. Se trata de un problema mucho más común de lo que se piensa pues se estima que, al menos, un setenta por ciento de las personas lo sufren de manera pasajera a lo largo de su vida y, en un cincuenta por ciento, se trata de un problema más o menos crónico.

Foto de una dentadura

La dentadura debe encajar a la perfección

Como decíamos, el bruxismo no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma de otras, ya que puede deberse a dos causas: a una mala oclusión dental, es decir, a que los dientes no encajan bien, o a un estado de estrés. En el primer caso, una o más piezas dentales están mal situadas y provocan lo que los dentistas denominan “un contacto prematuro de ésta o éstas con los otros dientes”, de tal suerte que toda la dentadura tiene que adaptarse a ello y la mandíbula se traslada a una posición anómala.

Sin embargo, la causa más frecuente de bruxismo es el estrés. Cuando lo sufrimos, inconscientemente, tendemos a apretar los dientes o a hacerlos rechinar. Es una forma de controlar la rabia y las tensiones trasladándolas a la mandíbula. La consecuencia, en cualquiera de ambos casos, es el desgaste de las piezas dentales y su progresivo deterioro y caída. Además, puede provocar dolor en la mandíbula e incluso en el cuello, la cabeza y los oídos.

Del mismo modo, en función de que se deba a una causa u otra, el tratamiento es diferente. Si el motivo es el estrés, bastará con reducir éste mediante uno psicológico o psiquiátrico. Por el contrario, si el motivo es algún tipo de defecto en la dentadura, será el odontólogo el encargado de evaluarlo y recurrir a un tallado selectivo de los dientes –o ajuste oclusal– o a un tratamiento de ortodoncia para corregir el problema.

Fuente: Bruxismo.

Foto: Vic Lic.

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