¿En qué se diferencia una tarjeta de crédito de una de débito?

Los bancos tienen la fea costumbre de no explicarnos en qué consisten los productos que nos venden. Y ello se hace más patente aún en lo que se refiere a las tarjetas de débito y de crédito. El funcionamiento y costo de éstas es diferente y conviene conocerlos bien para no llevarse sorpresas desagradables. Aquí lo aclaramos.

Los bancos tienen la fea costumbre de, aunque no obligarnos, sí aconsejarnos perentoriamente la contratación de ciertos productos de su porfolio comercial. Planes de pensiones o de ahorro, seguros de todo tipo aunque no sean exigibles legalmente y tarjetas se hallan entre los más ofertados.

Pero, además, tienen otro hábito aún menos ético: el de no explicarnos adecuadamente lo que estamos comprando. De esta suerte, nuestra relación con el banco está constituida por una sucesión de sorpresas. Por ejemplo, aquel producto que nos habían ofrecido como quién nos hace un favor, tiene un elevado coste anual del que nada nos habían dicho.

Foto de varias tarjetas de crédito

Varias tarjetas de crédito

Este caso es muy frecuente, sobre todo, en las citadas tarjetas, acerca de las cuales, además, no nos explican si son de crédito o de débito. Y la distinción es importante porque su funcionamiento y costo en cuanto a comisiones e intereses para el cliente no es el mismo. Por ello, aunque ambas son un medio de pago, es importante conocer sus diferencias. La más importante que debemos tener en cuenta es que las tarjetas de crédito son una forma de financiación mientras que las de débito no. O, dicho en otras palabras, las primeras permiten fraccionar el pago –con intereses– y las segundas no.

Las tarjetas de débito son aquéllas que nos permiten sacar dinero de nuestra libreta a través del cajero y también pagar con ellas. Pero, en este caso, el cargo es directo en nuestra cuenta, es decir, el importe nos es descontado inmediatamente de lo que tenemos en ella (de nuestro saldo).

Por su parte, las tarjetas de crédito nos permiten hacer pagos sin necesidad de desembolsar todo el dinero en ese momento: abonamos la compra de un producto y el banco nos va descontando ese importe en plazos generalmente mensuales. Por supuesto, esos plazos incluyen intereses que, además, generalmente son abusivos. Y, en este sentido, es muy importante leer la ‘letra pequeña’ cuando la contratamos para saber a cuánto ascienden éstos.

Además, como la contratación de una tarjeta de crédito supone la concesión inmediata de un préstamo por parte del banco, éste nos obligará a domiciliar allí nuestros ingresos y, en función de ellos, nos facilitará una de mayor o menor importe económico. Porque, a su vez, una tarjeta de crédito puede ser, principalmente, de tres tipos: clásica, para cantidades reducidas, oro, para cantidades mayores, y platino, para clientes especiales. Y, por supuesto, su coste en comisiones será mayor cuánto más valor lleve aparejado la tarjeta.

Fuente: Cuestiona.

Foto: Andrés Rueda.

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