Un estudio demuestra que la Amazonía fabrica su propia lluvia

La selva amazónica constituye una reserva biológica esencial para nuestro planeta. Ahora, un estudio realizado allí ha demostrado que esa área es capaz de fabricar sus propias nubes y, con ellas, su propia lluvia. Es decir, que se trata de un biorreactor autónomo.

Es bien sabido que la selva amazónica constituye una de las principales reservas biológicas del mundo –si no la más importante-. A pesar de las brutales agresiones a que ha sido sometida por la codicia humana, su aire es más limpio que en casi todo el resto de nuestro planeta.

Por ello, los investigadores del Instituto Max Planck de Química de Maguncia (Alemania) la han elegido para estudiar cómo se forman allí las nubes.

Foto del Amazonas

Una vista de la Amazonía

No es éste un tema carente de importancia ya que, al conocer mejor el proceso de su formación, se podrá saber cuál es la influencia que en ello tiene el ser humano y, con esto, mejorar las predicciones climatológicas para el futuro.

Las conclusiones del estudio, ahora publicadas, demuestran que el Amazonas es capaz de fabricar sus propias nubes y, con ello, su propia lluvia. Es decir, que «se trata de un reactor biogeoquímico independiente», según sus palabras. Por tanto, constituye un área autónoma en que los elementos biológicos conforman esos aerosoles, esas nubes.


Además, los científicos han descifrado la composición química de estos aerosoles utilizando microscopía electrónica de barrido y espectometría, técnicas hasta ahora nunca usadas para estos estudios, lo que convierte al de los germanos en un experimento pionero.

Las conclusiones han sido sorprendentes: más del ochenta por ciento de las partículas que conforman estas nubes proceden de material biológico del propio Amazonas –polen, esporas de hongos o restos vegetales-, que son liberados al medio ambiente de la selva y cuya volatilidad se reduce a través de reacciones fotoquímicas que las hacen más densas. Así, estas partículas constituyen los núcleos de condensación de las nubes y son un factor esencial para que se produzca la lluvia.

Foto de un mar de nubes

Un mar de nubes

El resto de materiales presentes en estas nubes son micropartículas como el hollín y las sales minerales que proceden de África y del Atlántico y que son transportadas hasta allí por los vientos.

Según Ulrich Pöschl, todo ello convierte a la selva amazónica en un biorreactor autónomo: el vapor de agua se eleva hasta una altura de dieciocho kilómetros llevando consigo estos materiales biológicos. Una vez constituidos en nubes, se produce la lluvia que cae al suelo. Una parte de estas precipitaciones riegan la selva y el resto vuelve a evaporarse constituyendo así otras nubes y reiniciando de nuevo el proceso.

Con estos datos, tenemos un motivo más –aunque ya había suficientes- para propugnar que la reserva amazónica sea respetada.

Fuente: Scitech news.

Fotos: Amazonía: L. Marcio_Ramalho en Flickr | Mar de nubes: Tnarik en Flickr.

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