Estudio: la relación benéfica entre los corales y el pez Gobio en Islas Fiji

Una investigación en las Islas Fiji ha dado con una extraña pareja que, acuerdo tácito de por medio, no sólo conviven sino incluso cooperan entre sí en defensa de su hábitat y de ambas partes, la dupla del pez Gobio y los corales submarinos.

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Extraña pareja submarina: los corales y el pez Gobio

Una investigación realizada por un grupo estadounidense en las Islas Fiji ha dado con una extraña pareja que, acuerdo tácito de por medio, no sólo conviven sino incluso cooperan entre sí en defensa de su hábitat y de ambas partes: se trata de la dupla compuesta por el pez Gobio y los corales submarinos, que protagonizan así una relación de mutua ayuda.

En este vínculo benéfico, los corales le brindan al pez protección y comida, y éstos a su vez acuden en la protección de los corales ante la presencia de peligro, alerta que emiten a través de unas señales químicas que los peces pueden leer. Estos enemigos son las algas tóxicas, algas perjudiciales para los corales y otras especies, ya que segregan unas sustancias químicas que le son nocivas.

Pero sucede que estas algas están teniendo una presencia bajo mares nunca antes vista, por lo que se han convertido en una verdadera amenaza: según se aduce, la alta temperatura de los océanos y la sobrepesca han dejado el ambiente propicio para su proliferación, casi descontrolada, lo que constituye todo un riesgo para los corales y otras especies submarinas.

El papel del Pez Gobio es clave para la vida de los corales, ya que ellos se alimentan de las algas que se adhieren a ellos, salvaguardándolas y defediéndolas. El estudio en cuestión, liderado por Danielle Dixson y Mark Hay, del Instituto Tecnológico Gerogia de Atlanta, constató que a los pocos minutos de contacto con las algas, los corales expulsaban un olor que atraía a los gobios que acudían en auxilio del arrecife y comenzaban a recortar las algas.

Pero esta relación no sólo es positiva para los corales, sino también para los propios peces, debido a que al consumir estas algas se convierten en una presa más desagradable para sus depredadores naturales.

Lo cierto es que muchos corales del mundo están en peligro, y no sólo por este motivo: según datos oficiales, se calcula que la población de corales ha descendido en el Caribe en un 80 por ciento, y un 50 por ciento en la Gran Barrera en las últimas décadas.

Esta situación es especialmente dramática para los arrecifes que florecen y están en pleno crecimiento, pues corales como el Acroporas (el tipo de coral que se estudió en la investigación) genera la complejidad topográfica de la que depende gran cantidad de especies marinas.

Justamente la disminución de dos familias dominantes de Acroporas en el Caribe ha causado efectos adversos en muchos peces y por ende, en la pesca, la biodiversidad y la protección costera contra el daño de las olas.

Por lo tanto, esta relación vuelve a mostrar la sofisticación y los mecanismos de las especies en la lucha por la supervivencia en la naturaleza y los beneficios de la colaboración de esta extraña pareja. Existen en la naturaleza otros vínculos similares, de mutuo beneficio, tal  como, por caso, el de las hormigas con las acacias, en las que eliminan a sus competidores más cercanos y protegen de esta manera a su anfitrión.

Foto Wikimedia

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