¿Cómo se recuperan los suelos después de un desastre natural?

Desastres como el vertido de la mina de Aznalcollar, el hundimiento del Prestige o la ruptura de una presa en Hungría han provocado la contaminación de espacios naturales que quedarán degradados durante años. La absorción de los contaminantes por parte de la fauna y la flora del luegar, hacen que entren en la cadena trófica y que sea cada vez más difícil eliminarlos.

El vertido de la mina de Aznalcollar fue, probablemente, junto con el hundimiento del Prestige, uno de los mayores desastres naturales sucedidos en nuestro país. Han pasado doce años desde que la presa que contenía los residuos procedentes de la mina reventase y es ahora cuando los investigadores están viendo los  primeros síntomas de recuperación de los suelos de la zona.

Para comprobar el estado de salud de los suelos, un equipo liderado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) se trasladó durante unos días al área afectada por el vertido tóxico que llegó a dañar los suelos del Parque Natural de Doñana y exterminó a varias especies.  Algunos nematodos (gusanos microscópicos) desaparecieron en los primeros meses del desastre. Pero no fueron los únicos daños. “La abundancia y diversidad de estos animales se vio afectada de inmediato, pero a la larga, los nematodos por si mismos no sufrieron un daño irreparable”, confirma a SINC Alfonso Navas, autor principal del estudio e investigador en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid (CSIC), quien explica que lo fundamental a la hora de establecer los daños es tener en cuenta que la acción de este tipo de microorganismos, cumple una función biológica y de reciclado de la materia que, si se resiente, afecta al estado de los suelos y a la recuperación de otras especies.

Para evaluar el estado de los suelos en la zona afectada por el derrumbe de la presa, los investigadores compararon muestras de la zona no contaminada con muestras de la zona contaminada. Según los resultados, la diversidad y madurez de la comunidad de nematodos fue “significativamente” más baja en el área contaminada que en la no contaminada.

“Hasta que se recuperen los suelos pueden pasar decenas de años”, añade Navas, que asegura que “un impacto como un vertido de este tipo afecta a la estructura del suelo. Aunque a la larga pueda recuperarse, la función inmediata de la microfauna queda durante decenas de años alterada”, insiste Navas.

Y es que, por si el impacto destructor del vertido no fuera suficiente en sí mismo, los expertos recuerdan el importante carácter tóxico de metales pesados como el hierro que, pese al rápido proceso de restauración de la zona puesto en marcha por el Centro de Investigaciones Científicas y la Junta de Andalucía, ha dejado sus huellas en el terreno.

“Parte de esos suelos continúan afectados por metales pesados aunque no hay que dramatizar porque han sido inmovilizados por medidas correctoras de naturaleza fisico-química”, señala Navas. La “ventaja” en el vertido español es que se formó una costra de lodos que permitió que los contaminantes se quedaran en la superficie y se pudieran retirar mecánicamente.

Esto es algo que diferencia nuestro vertido del que tuvo lugar hace apenas un mes en Hungría donde los contaminantes sí llegaron a penetrar en el suelo

Al filtrarse los metales pesados en el suelo, “se reduce su biodiversidad y queda afectada de forma notable la productividad del terreno tanto desde el punto de vista físico como nutricional. Sin los componentes biológico naturales del suelo, éste no se remueve ni airea y por tanto se compacta con el tiempo”, especifica Navas.

Las soluciones

Y es que, cuando los metales contaminan el subsuelo, sus efectos van más allá del terreno . La fauna y la flora absorben esos metales a través de los alimentos (las plantas al tomar los sustratos del subsuelo y los animales al alimentarse de plantas o de otros animales que las hayan ingerido), de tal manera que la contaminación pasa a distintos elementos de la cadena.

La descontaminación de un suelo afectado por los metales o por cualquier otra sustancia no es sencilla, fundamentalmente debido a la larga acción que estas sustancias ejercen sobre el terreno. Por ello, los expertos apuestan fundamentalmente por dos estrategias a la hora de trabajar con estos terrenos: el aislamiento ola descontaminación.

La bacteria Cupriavidus necator es capaz de destruir algunos tipos de contaminación del suelo. Foto Wikimedia

Si se opta por la segunda opción, es decir, intentar recuperar de nuevo el terreno, los expertos suelen optar por una de estas cinco líneas de trabajo:  la extracción, el tratamiento químico del terreno, el tratamiento electroquímico, el microbiológico o el tratamiento térmico.

Cuando los suelos tienen características  de permeabilidad y las sustancias que han contaminado ese suelo  tiene una movilidad suficiente, los expertos suelen optar por la extracción de las sustancias mediante la acción de un fluido, a veces aire (arrastre) y en otras ocasiones se usa agua (lavado). Una vez arrastrado el contaminante, se depura el efluente con técnicas apropiadas.

No obstante, hay ocasiones en las que no es posible aplicar esta técnica, por lo que la opción elegida es la de depurar el suelo mediante la degradación de los contaminantes por reacciones químicas. Frecuentemente se trata de reacciones de oxidación de los compuestos orgánicos y para ello se suelen emplear el agua oxigenada y diferentes concentraciones de oxígeno. El problema es que este método solo es eficaz en casos de contaminación por sustancias como aldehídos, ácidos orgánicos, fenoles, cianuros y algunos tipos de plaguicidas.

Si la contaminación se produce por metales pesados, como en el caso de Aznalcollar, el tratamiento electroquímico suele ser uno de los más efectivos, ya que se basa en movilizar los contaminantes creando diferentes campos eléctricos. Puesto que los metales tienen también carga eléctrica positiva o negativa, este sistema permite desplazarlos depurando la zona afectada.

En el caso de que los contaminantes sean susceptibles de degradación mediante la acción de microorganismos, (bioremediación), se puede favorecer la actividad de los microorganismos presentes o introducir nuevas especies para que, a través de diferentes procesos, eliminen estas sustancias que han afectado al terreno. Este método, sin embargo, no se puede emplear en casos de contaminación por metales, pero sí es efectivo en los casos de contaminación por sustancias biológicas o de algunos insecticidas.

Y finalmente, en el caso de contaminación por hidrocarburos, como el gasoil, el petróleo o el metano, una de las opciones más empleadas suele ser la destrucción térmica de las sustancias llevándolas a su punto de combustión y depurando después los suelos con un segundo proceso de limpieza que elimine los gases generados.

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