Acuicultura: ¿Qué es y para qué se utiliza?

La fauna y la flora de los mares se encuentra, en buena medida, en peligro de extinción. Para evitar que esto suceda, se aplican diversas técnicas ecológicas entre las que destaca la acuicultura, cuya función es doble: por una parte, mercantil y, por otra, de conservación de especies en riesgo de desaparecer.

Durante siglos, el hombre ha pescado en el mar sin ningún tipo de control, debido, por una parte, a la falta de medios para realizarlos pero también, por otra, a la codicia. Y ello ha conducido a que algunas especies piscícolas se encuentren en vías de extinguirse. Algo similar ocurre con la vegetación marina, seriamente afectada por la contaminación indiscriminada que se vierte a las aguas.

Para tratar de corregir estos excesos, se han buscado diferentes técnicas ecológicas que permitan conservar la riqueza de los mares en cuanto a su fauna y a su flora al tiempo que seguimos disfrutando de sus especies. Y, entre ellas, destaca la acuicultura, que podríamos definir, a grandes rasgos, como el cultivo artificial de especies marinas, ya sean animales o vegetales. O, dicho de otro modo, la creación de ecosistemas que permiten el nacimiento y desarrollo controlado de las citadas especies.

Foto de unas bateas

Las bateas, una forma de acuicultura

Como decíamos, la acuicultura puede realizarse con respecto a la flora o a la fauna marina, e incluso a las dos al mismo tiempo y puede tener tanto fines naturales como comerciales, aunque en ambos casos se ayuda a restaurar el equilibrio del mar, pues todo lo que de estos cultivos se obtiene no se extrae de aquél.

De hecho, los orígenes de la acuicultura se circunscriben a la obtención de determinados animales marinos con una finalidad puramente mercantil, es decir, con objeto de ser vendidos para su consumo humano. Para ello se construyeron piscifactorías donde se criaban alevines de determinadas especies que, una vez desarrollados, eran puestos en venta a precios bastante más reducidos que los que procedían del mar debido al menor coste de su obtención.

Sin embargo, a medida que la conciencia ecológica se ha venido desarrollando en los ciudadanos, los centros de acuicultura han tomado, además del anterior, también otro cariz: el de conservar ciertas especies tanto animales como vegetales que veían en peligro su supervivencia en el mar. Así, se crían estos alevines en unas condiciones parecidas a las existentes en su ecosistema natural para, una vez que han crecido, llevar a cabo sueltas de las mismas en el mar o en los ríos. Además, se han creado policultivos, donde se crían simultáneamente varias especies.

Aunque la segunda función de la acuicultura parezca más desinteresada, ambas tienen utilidad en lo que a sostenimiento ecológico se refiere: en la segunda, resulta evidente, pero también la primera colabora, pues, como decíamos, los peces que así se obtienen no son capturados en el mar con lo que la especie queda a resguardo de desaparecer.

Fuente: Club de la Mar.

Foto: Balapiaka.

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