Criterios de valoración de los activos para hacer un balance de situación

Continuando con los artículos que venimos elaborando sobre contabilidad para no financieros, nos centramos en este artículo en los criterios a seguir para valorar los activos de la empresa y así hacer un balance de situación real. Así, exponemos como debe valorarse cada tipo de activo y, a la vez, brindamos los enlaces necesarios para -a través de los artículos anteriores- poder seguir fácilmente éste.

Continuando con nuestro modesto manual de contabilidad para no financieros, nos centraremos hoy en cómo deben valorarse los activos para hacer correctamente el balance de situación. En las anteriores entregas –cuyos enlaces brindamos aquí: ‘El balance de situación’ y ‘Componentes del balance de situación’– señalábamos que los activos de la empresa son los bienes que posee y los derechos de cobro que tiene. Indicábamos también que estos activos son de dos tipos: inmovilizado, que puede ser material o inmaterial, y circulante.

Las instalaciones propiedad de la empresa forman parte del activo inmovilizado

Las instalaciones propiedad de la empresa forman parte del activo inmovilizado

Pues bien, para realizar de modo fiable un balance de situación, los activos deben valorarse de forma correcta, es decir, con arreglo a los siguientes criterios: como norma general, un activo debe valorarse a precio de coste –es decir, de adquisición-, salvo que su valor de mercado –lo que nos ofrecen por él- sea menor, en cuyo caso adoptaremos este segundo valor. A partir de esta norma general, los distintos activos se valorarán del modo que a continuación se expone:

El inmovilizado material –los vehículos, terrenos, maquinaria, etc- se valoran a precio de adquisición, del que debemos deducir las amortizaciones practicadas. En el valor de compra se incluye, además del importe de la factura del proveedor, todos los gastos adicionales que nos ha generado su compra (transporte, aduanas, montaje, etc).

El inmovilizado inmaterial –patentes, marcas, etc- también se valora a precio de coste, del que igualmente se deducen las amortizaciones practicadas.


En lo que respecta al circulante, este activo incluye varias partidas. Cada una de ellas se valora del siguiente modo:

Las existencias se valoran a precio de compra o a valor de mercado, al más bajo de los dos.

Las acciones que una empresa posee forman parte del circulante

Las acciones que una empresa posee forman parte del circulante

El realizable, es decir, los derechos de cobro a clientes y deudores, se estiman por su valor real –el que figura en el documento que nos han firmado-; no obstante, de él debemos deducir las provisiones por insolvencias o cobros dudosos. En lo que respecta a los valores mobiliarios o participaciones, éstas se valoran por su precio de adquisición, salvo que coticen en bolsa, en cuyo caso se hará por su valor de cierre al día en que hacemos el balance.

Por su parte, el disponible –dinero en caja o en cuentas corrientes bancarias- no es necesario estimarlo: se pone su valor real.

En resumen, a la hora de elaborar un balance, debemos restar a los activos las amortizaciones acumuladas, las provisiones efectuadas y las pérdidas del ejercicio último y de los anteriores.

Fotos: Fábrica: Txo en Wikimedia | Acción: Bombastus en Wikipedia

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