¿Quién inventó el pararrayos?

El científico, inventor y político Benjamin Franklin fue el inventor del pararrayos, una herramienta que sigue usándose en la actualidad.

Cielo con rayos

Corría el año 1752 cuando un inventor que seguramente todos reconozcáis por su nombre, llevó a cabo la invención del pararrayos, con el cual se han llegado a salvar muchas vidas e infraestructuras. Se trataba de Benjamin Franklin, que ya había contado con experiencia con la electricidad y que con este descubrimiento volvió a dejar constancia en la historia de lo importante que habían sido sus trabajos para la historia de la humanidad.

Todo fue gracias a Benjamin Franklin

Son muchos los cargos que se pueden atribuir con la figura de Benjamin Franklin. Fue un reconocido político en territorio norteamericano y se convirtió en uno de los denominados Padres Fundadores de la nación. También realizó importantes trabajos en el sector de la ciencia y es reconocido a nivel mundial por las invenciones que salieron de su cabeza. Nació el día 17 de enero del año 1706 y falleció el 17 de abril de 1790 a los 84 años de edad.

Su infancia no fue precisamente sencilla en cierta manera, dado que era de familia numerosa. Tuvo 16 hermanos y él fue uno de los últimos en llegar al núcleo familiar. Las limitaciones de la época impidieron que tuviera más estudios que los básicos, al menos hasta que alcanzara una edad más avanzada. Eran otros tiempos y esto llevó a que trabajara, desde muy joven, para su padre en el negocio familiar. Pero esto no era lo que le llenaba y no tardó en sentir inquietud por probar otras cosas. Cuando solo tenía 12 años ya había probado otras muchas profesiones. Ninguna le proporcionó aquello que estaba buscando. Algo en él le llevaba a la creación y la creatividad en sus diversas formas de expresión.

Uno de sus hermanos era propietario de una imprenta y, en su constante ruta por diversos trabajos, Benjamin acabó trabajando para él. Su hermano había visto algo en él, una dosis de creatividad y chispa que llamaba a que estaba destinado a hacer algo más que simplemente trabajar. Esto es lo que le empujó a escribir poesía. A partir de ese momento no dejó de escribir. Adoptó un papel de periodista, crítico y también escribió libros. En años posteriores compraría una imprenta y fundaría su propio periódico, todo ello ligado a la necesidad de crear cosas y de dejar que sus opiniones encontraran una forma de ser compartidas con el mundo.

Poco después, llegado el año 1730, se casó con la mujer a la que se había prometido tiempo atrás. Tuvo dos hijos con ella y reconoció a un tercero ilegítimo de lo cual se desconocen datos precisos. Su hijo falleció todavía cuando era joven víctima de una enfermedad, pero su hija llegó a tener numerosa descendencia tal y como era habitual en la época.

Su crecimiento laboral continuó en fechas posteriores, escribiendo más libros y participando de una manera activa en la fundación de la primera biblioteca pública que existió en Filadelfia, el lugar donde Franklin se había establecido en los últimos años. A partir de ahí sus logros fueron notables, dado que también fundó el cuerpo de bomberos de la ciudad, colaboró en la apertura de su primer hospital e incluso de la primera Universidad.

Así inventó el pararrayos

Poco antes de terminar la década de los años 40 comenzó a investigar la electricidad y todo lo relacionado con ella. Esto le llevó, tras muchos experimentos, a inventar el pararrayos. Franklin estaba convencido de que las nubes viajaban por el cielo con cargas de electricidad que podían activar descargas eléctricas que se recibían en la tierra a través de la forma de los rayos. Era algo que no estaba demostrado hasta que Franklin ideó un método para lograrlo.

Su idea consistió en hacer volar una cometa formada, de manera característica, por un cuerpo de metal. La cometa se mantendría atada con un hilo de la habitual seda de la época, dejando colocada en el extremo una llave también construida con el uso de metal. Una vez la cometa voló un día de tormenta, no hubo que esperar demasiado hasta que la llave, fruto de los rayos, se cargó con electricidad. Se confirmó no solo el factor de la composición de las nubes, sino que Franklin proporcionó la solución para luchar contra estos rayos en la forma del pararrayos. El invento fue recibido con entusiasmo por la comunidad científica, que no tardó en aplaudirlo como una de las invenciones más importantes de la época.

Invento de Benjamin Franklin

Aunque tardaron varias décadas en comenzar a extenderse, para inicios de la década de los 80 se pudo ver cómo Estados Unidos disponía ya de más de 400 pararrayos encargos de bloquear estas descargas producidas por la electricidad de las nubes. El invento también resonó con fuerza en el extranjero e incluso se llegaron a ver pararrayos instalados en ciudades europeas décadas antes, hasta en los años 60. Franklin explicó los dos tipos de electricidad existentes, la positiva y la negativa, y continuó profundizando en estos conceptos que han inspirado a muchos científicos posteriores.

Las ideas de Franklin se han modificado y optimizado con el paso de las décadas, sobre todo en cuanto a la percepción que ha tenido la sociedad sobre la peligrosidad de los rayos. El propio Nikola Tesla, mucho tiempo después de las invenciones que llevó a cabo Franklin, adoptó sus estudios y modelos de trabajo para perfeccionarlos y buscar un punto de vista más efectivo en pos de la protección. A partir de ahí el sector de la electricidad ha ido dando forma a distintos modelos de pararrayos. Se respetan los conceptos iniciales y la invención de Franklin, pero se han incorporado técnicas y diseños cada vez más eficientes.

El historial de Benjamin Franklin ha estado marcado por otras invenciones, aunque no hay duda de que el pararrayos fue una de las más importantes. También fue responsable de crear el cuentakilómetros, algo que todavía hoy día sigue vigente en cuanto al concepto original.

Franklin falleció en el año 1790 por pleuritis y complicaciones que había sufrido desde tiempo atrás debido a la obesidad que sufría. Tuvo alguna que otra oferta sobre la preservación de su cuerpo para la posibilidad de ser revivido en tiempos futuros (cuando la ciencia pudiera lograrlo), pero reconoció que su época aún estaba muy alejada de alcanzar estos logros, por lo que prefirió una muerte normal.

Foto: reynaldodallinOiMax

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