¿Por qué somos optimistas?

optimismo

El optimismo puede afectar negativamente a nuestras decisiones.

Tendemos a creer que el optimismo es la capacidad de ver y juzgar las cosas de un modo favorable. Una persona optimista siempre verá el vaso medio lleno y nunca pensará que los horrores o catástrofes de este mundo pueden afectarle, basándose en la simple regla de: “eso no puede ocurrirme a mi”. Siempre se ha dicho que una persona optimista es una persona afortunada. Pero, ¿es el optimismo algo bueno que sólo depende de nuestra personalidad?

Según un estudio elaborado por investigadores ingleses y alemanes del Wellcome Trust Centre de Neuroimagenología, esta actitud positiva puede ser nociva para los seres humanos. Los especialistas sostiene que el optimismo es una actitud que deriva de un defecto del cerebro relacionado con el procesamiento de errores. De ahí que dicha actitud positiva pueda afectar negativamente a la toma de decisiones de una persona en los diferentes ámbitos de su vida

Para demostrar su teoría con respecto al origen de lo que conocemos como optimismo, los neurocientíficos decidieron analizar la actividad de diferentes cerebros a través de la imagen que les ofrecía una resonancia magnética funcional. Es decir, el objetivo era comprobar mediante dicha resonancia como reacciona el cerebro de la gente ante la posibilidad de que les ocurran situaciones negativas en un futuro. Para llevar a cabo la investigación, los científicos presentaron a los participantes un listado de 80 casos negativos a los que cualquier persona se puede ver expuesta a lo largo de su vida como por ejemplo, padecer enfermedades tipo Alzheimer, ser despedidos de su puesto de trabajo o sufrir una infidelidad. Tras esto, se les pidió que valoraran de la forma más objetiva posible la probabilidad que ellos pensaban que podían tener de que les ocurrieran este tipo de acontecimientos.

Una vez superada esta primera fase, los responsables informaron a los participantes de las estadísticas oficiales acerca de los porcentajes reales de que dichas situaciones tuvieran lugar y siendo conocedores de dicha información, se les volvió a pedir que rellenaran de nuevo el mismo formulario sin variar los casos expuestos. Durante todo el proceso, los investigadores estaban recopilando datos acerca de la actividad cerebral de los participantes para después contrastar los datos con las respuestas dadas en los distintos formularios.

Sorprendentemente, los resultados reflejaron que la gente es mucho más proclive a la hora de cambiar sus estimaciones iniciales cuando se les informa de que la probabilidad de sufrir un evento negativo es más reducida, pero continúan manteniendo una actitud optimista y su valoración inicial aunque se les haya asegurado que el porcentaje de verse en vueltos en determinadas situaciones desagradables es más elevado del que ellos creían.

De este análisis se desprende que las personas alejamos en cierta medida los aspectos de la realidad que pueden ser contradictorios con nuestra felicidad y nos mostramos reacios a creer que experiencias desagradables puedan ocurrirnos con el objetivo de seguir manteniendo el ideal de vida que tenemos planificado. Así lo resume uno de sus autores: “nuestras conclusiones sugieren que esta propensión humana hacia el optimismo se facilita mediante el fracaso del cerebro para codificar errores de estimación cuando ellos apuntan a actualizaciones pesimistas”.

Fuente / La información

Foto/ Amber de Bruin

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