Kostantin Tsiolkovsky, un visionario de la astronáutica

Suele considerarse a Julio Verne como un visionario. Ello es cierto, pero hubo otros menos conocidos cuya imaginación fue mucho más lejos. Uno de ellos fue konstantin Tsiolkovsky, que estudió la astronáutica con base científica cuando aún ni siquiera existía la aviación.

Foto de Tsiolkovsky

Konstantin Tsiolkovsky

Casi todo el mundo coincide en considerar a Julio Verne como un visionario que anticipó muchos de los inventos que hoy conocemos. Indudablemente, ello es cierto y no pretendemos restarle méritos. Pero también es verdad que hubo otros personajes menos populares que llevaron mucho más lejos su imaginación.

Uno de ellos es el ruso Kostantin Tsiolkovsky (1857-1935), un autodidacta que estudió con total seriedad y base científica no sólo los vuelos espaciales sino también la colonización estelar por el ser humano cuando ni siquiera se había inventado la aviación.

Nacido en una familia humilde y sordo desde los diez años, apenas fue a la escuela. Su lugar de aprendizaje fueron las bibliotecas de Moscú y los libros que poseía su padre. Pero con ello logró una amplia cultura científica con la que se dispuso a demostrar que era posible colonizar el Universo.

Porque Tsiolkovsky era, sobre todo, un visionario que, convencido de que cualquier objeto de cierta envergadura que cayese sobre la Tierra acabaría con el Hombre, se propuso –veinte años antes de que los hermanos Wright pusiesen en el aire su primer avión- demostrar científicamente que los viajes espaciales eran posibles y que el ser humano podría vivir en el espacio.



Algunas de sus propuestas resultan sorprendentes por haber sido utilizadas mucho después por la astronáutica.

Foto de un monumento a Tsiolkovsky
Monumento a Konstantin Tsiolkovsky

Entre ellas se encuentran la propulsión a reacción, el sistema de cohetes segmentados, el uso de combustible líquido y un sin fin de elementos para comodidad de los astronautas que hoy se hallan en cualquier nave espacial.

Pero, como buen visionario, Tsiolkovsky propugnaba la conquista de otros planetas e incluso de otras galaxias. Solía decir “la Tierra es la cuna del Hombre pero ya es hora de que salgamos de la cuna”. Incluso llegó a diseñar ciudades que orbitarían alrededor de la Tierra y que hoy producen una compasiva sonrisa por sus deficiencias. Pero si pensamos, por ejemplo, en las estaciones espaciales comprenderemos que no iba tan descaminado.

Igualmente, creía en la vida extraterrestre y en que un día contactaríamos con esos seres. A los escépticos les respondía: “la ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia”. Pero quizá su proyecto más audaz fuera el del ascensor espacial que transportaría personas y mercancías a otros planetas.

Aunque probablemente considerado en su época poco menos que como un loco, el tiempo le ha ido dando la razón en muchas de su demostraciones y hoy es unánimemente admirado por la Ciencia. De hecho, incluso se ha puesto su nombre a un cráter de la Luna.

Fuente: El Tamiz.

Fotos: Konstantin Tsiolkovsky: ArtMechanic en Wikimedia | Monumento a Tsiolkovsky: Argenberg en Flickr.

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