Fósiles: testimonios del pasado

Introducción a la Paleontología. Tipos y características de los fósiles: conservación de partes duras, momificación, inclusión, reemplazo, icnofósiles y carbonización. Historia de la evolución de los seres vivos.

La primera imagen que se nos viene a la mente cuando escuchamos la palabra fósil es la de un hueso petrificado, y más precisamente la de un hueso de dinosaurio. Es una asociación correcta, aunque incompleta. No todas las formas de vida que han existido en el mundo han llegado hasta el presente, muchas se han extinguido y desaparecido, producto de diversas causas (selección natural, por efecto de otras especies –especialmente la humana en épocas más recientes-), otras especies han evolucionado adaptándose a los cambios en el ambiente y modificado su apariencia externa y conformación interna. Pero de muchas de las especies que han poblado la Tierra (aunque no de todas), nos llegan datos y testimonios que nos permiten no sólo conocerlas sino también averiguar cómo era el mundo en el momento en que existieron.


foto de pcsm en flirck.com

Un fósil puede ser un fragmento de un esqueleto, un organismo completo, o la huella (impresión) de un animal o planta, perfectamente conservada (petrificada), que no pertenece a la etapa geológica actual. El proceso de fosilización requiere –básicamente- de tres instancias. Una primera, el organismo (animal, planta) debe al morir quedar rápidamente sepultado, a “resguardo” de otras especies animales que puedan devorarlo o destruirlo. Luego, bajo la superficie, el organismo debe ser expuesto a las condiciones químicas que impiden su descomposición natural. Y por último que el proceso geológico no altere la identidad del fósil, es decir que los sedimentos y rocas (capas geológicas) donde este organismo se deposite permitan la conservación “tal cual” de las características propias del organismo.

Esta es una apreciación rápida de las instancias de fosilización, que es mucho más compleja, en la que intervienen diversos factores y es producto de determinadas instancias puntuales propicias para que un “organismo” o “huella” con el transcurrir de los años (siglos) sea finalmente un fósil. Para que pueda ser fácilmente entendido, un animal debe morir y rápidamente quedar sepultado bajo tierra para que otros animales no lo devoren, luego determinadas condiciones de minerales deben impedir que las bacterias realicen su proceso natural de descomposición, y por último, los movimientos geológicos de las capas subterráneas no deben “romper” (alterar, deformar) al organismo conservado. El proceso de fosilización es –entonces, podríamos decirlo en forma casi poética- una acción de la naturaleza de conservación y de batalla contra los agentes del olvido.

Existen seis procesos de fosilización: conservación de partes duras, momificación, inclusión, reemplazo, icnofósiles y carbonización.

Conservación de partes duras: esto es lo que comúnmente se entiende por fósiles: fragmentos de esqueletos y partes óseas petrificadas. Aquí tienen una fuerte incidencia los materiales carbonáticos o fosfáticos de los huesos, que debido a la alta resistencia a las agresiones químicas como mecánicas, hacen posible la conservación de los huesos aunque el resto de los tejidos orgánicos hayan desaparecido.

Momificación: proceso que hoy comúnmente ligamos al Antiguo Egipto (también realizado en forma artificial por numerosas culturas y pueblos de la antigüedad), se produce naturalmente cuando el organismo muerto queda sepultado en un ambiente libre de microorganismos descomponedores, y especialmente en zonas de excesivas temperaturas frías o extremadamente secos. Este proceso permite conservar fosilizado organismos completos (tanto su estructura ósea como su estructura de tejidos orgánicos).

Inclusión: este es el proceso de fosilización en el que está inspirada la saga de cine de ciencia ficción “Jurasic Park”. Como se muestra en la película, este proceso ocurre cuando un ser vivo queda atrapado en un material inerte (subterráneos lagos de petróleo, el ámbar –resina fósil- de árboles) que lo preserva de las agresiones externas. Este proceso de fosilización conserva en mucho mejor estado al organismo que el proceso de momificación, permitiendo estudiar sus órganos internos.

Reemplazo: En este caso, el organismo original de los seres es reemplazado por una sustancia inorgánica. Este complejo proceso es el que ocurre, por ejemplo, en los bosques petrificados. Los fósiles de árboles no contienen “madera”, sino sílice, una sustancia inorgánica que permite la preservación de las estructuras celulares.

Icnofósiles: en este caso, el proceso de fosilización no ocurre sobre el organismo vivo, sino sobre los vestigios de su existencia. El ejemplo más común son las huellas de animales prehistóricos, pero también pueden ser nidos de insectos, sobre los que actúa el proceso de fosilización permitiendo conservar este rastro de su actividad, lo que ayuda a comprender el desenvolvimiento del animal en lo que fue su hábitat natural.

Carbonización: El carbón es técnicamente un fósil. El proceso de fosilización carbónica ocurre cuando la materia orgánica se descompone lentamente hasta quedar reducida al carbono de los tejidos constitutivos. Esta estructura conserva características de los organismos que le dan origen.

Fósiles en Malargüe. Foto de Nuco en flirck.com

En general, la conservación de las partes duras (huesos) es más fácil que ocurra que la conservación de tejidos o de huellas. Aunque hay que destacar que estudios recientes de fósiles, han establecido que el primer animal no fue una esponja, como se creía, sino un animal muy similar a la medusa. Si bien este hallazgo se produjo combinando diferentes técnicas de estudio e investigación, los realizados en fósiles de partes blandas permitieron hacer un rastreo del ADN de distintos organismos para llegar a esta conclusión (al respecto de esto, hemos hablado en un artículo anterior de AprenderGratis.com: El primer animal sobre la Tierra).

El estudio sobre los fósiles permite conocer muchos aspectos del pasado y las formas de vida sobre la Tierra, no sólo la evolución de las especies. Por ejemplo, el estudio de las capas anuales de crecimiento de los corales fósiles del período devónico, han permitido establecer que hace aproximadamente 400 millones de años, el año duraba unos 400 días, 50 más que en la actualidad. Esto hace referencia al proceso de desaceleración de la rotación de la Tierra sobre su propio eje.

Aunque comúnmente se dice que el petróleo es un “combustible fósil”, estrictamente el petróleo no es un fósil, dado que no conserva las características de los organismos que le dieron origen. Sí es un producto de (originario de) organismos fosilizados (al igual que el carbón), y la denominación “combustible fósil” se la utiliza para diferenciarlo de otros combustibles no fósiles, como la madera por ejemplo, que procede de organismos contemporáneos a nosotros.

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