Doping Genético

Como viene siendo habitual, todo desarrollo científico, acaba por traspasar las fronteras militares para un uso civil. En el caso de la manipulación genética ya hay quien ha visto, a raíz del último y vergonzoso escándalo político de doping ciclista, las posibilidades que la manipulación genética podría tener en el desarrollo del súper-atleta.

Como viene siendo habitual, todo desarrollo científico, acaba por traspasar las fronteras militares para un uso civil. En el caso de la manipulación genética ya hay quien ha visto, a raíz del último y vergonzoso escándalo político de doping ciclista, las posibilidades que la manipulación genética podría tener en el desarrollo del súper-atleta.

Los súper-atletas están cada día más cerca

Hasta el momento la potenciación “artificial” de un atleta se lograba mediante el suministro de fármacos, hormonas sintéticas y el ya conocido sistema del “cambio de sangre”. Sin embargo, todos estos sistemas son detectables mas tarde o más temprano porque quedan trazas, restos en el organismo.

¿Qué ocurre cuando la trampa está escondida en nuestros genes?
La respuesta es que en principio no sólo no sería detectable, pues aunque se trate de una mutación genética artificial, una vez cometida es la propia célula la que trabaja, de modo normal, como si hubiese sido originada para tal fin. Para un análisis sería un comportamiento celular normal, no había sustancia patógena alguna recorriendo las venas del deportista.

La trampa de la biosina.
La biosina es una proteína natural, que se encuentra en el propio músculo y que infiere en el proceso de contracción muscular, acelerándolo y potenciando las funciones de las microfibras tensoras del propio músculo.

Una modificación genética podría optimizar los resultados musculares, generando altas cantidades de biosina. Así la respuesta celular ante el estímulo sería mucho más rápida, las contracciones musculares más intensas, y la fuerza desarrollada por el atleta muy superior a las “normales” y todo ello de forma “natural” pues sería imposible discernir si ese aumento de biosina se debe a una mutación genética normal del proceso evolutivo orgánico, o se debe a una inferencia genética artificial.

En cualquier caso, todo parece indicar que gracias a la ciencia y dejando de lado los conflictos éticos, el ser humano ya no tiene barreras en su evolución, ni siquiera biológicas.

Imagen: luna serena en Arte y Fotografía

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