La Astronomía según Aristóteles

Fue uno de los filósofos y científicos griegos más importantes. Su influencia fue tal que algunas de las teorías que elaboró se mantienen vigentes todavía, dos mil años después de su muerte (entre otras muchas basta recordar la doctrina de la fuerza inmóvil que, revisada y profundizada en clave cristiana por Santo Tomás de Aquino en el medioevo, constituye hasta ahora la base sobre la cual se apoya todo el edificio de la teología católico-romana).

En el campo astronómico, adelantó los primeros argumentos sólidos contra la tradicional teoría de la Tierra plana, haciendo notar que las estrellas parecen cambiar su altura en el horizonte según la posición del observador en la Tierra. Por ejemplo, la Estrella Polar aparece desde Grecia alta sobre el horizonte, porque Grecia está bastante más al norte del Ecuador; en cambio, desde Egipto parece más baja, y desde latitudes más al Sur puede no verse en absoluto, porque no aparece nunca. Este fenómeno puede explicarse partiendo de la premisa que la Tierra es una esfera; pero resulta incomprensible suponiendo que sea plana.

Aristóteles

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Aristóteles notó además que durante los eclipses lunares, cuando la sombra de la Tierra se proyecta sobre la Luna, la línea del cono de sombra es curva: esta es una ulterior demostración de que la superficie de la Tierra debe ser curva. El gran filósofo elaboró también un modelo propio del Universo que se fundamentaba en el sistema geocéntrico propuesto por Eudoxio de Cnido (¿408-355? a. J.C.) y sucesivamente modificado por Calipo (¿370-300? a. J.C.).

En el sistema de Eudoxio, llamado de las esferas homocéntricas (que tienen un centro común), la Tierra era imaginada inmóvil en el centro del Universo y los cuerpos celestes entonces conocidos, fijados a siete grupos de esferas de dimensiones crecientes desde la más interna a la más externa: tres esferas pertenecían a la Luna, tres al Sol y cuatro a cada uno de los planetas entonces conocidos (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno), con un total de 26 esferas celestes. Cada cuerpo celeste se imaginaba fijado a la esfera más interior del propio grupo; las otras del mismo grupo estaban unidas a la interior mediante un sistema de ejes polares desfasados entre sí. Todas estas complicaciones, en la total ignorancia de los movimientos de rotación y revolución de los planetas, servían para explicar, de algún modo, sus trayectorias aparentes a través del cielo.


Más tarde Calipo, discípulo de Eudoxio, con la finalidad de hacer funcionar mejor todo el conjunto, llevó a 33 el número total de esferas. Sin embargo, parece que Eudoxio y Calipo pensaban en sus esferas como un recurso geométrico, carente de consistencia física, inventado sólo para explicar y prever el movimiento de los cuerpos celestes. En cambio Aristóteles considera que las esferas, constituidas por una sustancia purísima y transparente, rodeaban realmente a la Tierra, teniendo engarzados como diamantes a todos los cuerpos celestes visibles. En el intento de explicar el origen de los movimientos planetarios, Aristóteles pensó en una «fuerza divina» que transmitía sus movimientos a todas las esferas desde la más externa, o esfera de las estrellas fijas, a la más interna, o esfera de la Luna. Sin embargo esta idea se tradujo en una enorme complicación de todo el sistema, ya que elevó de 33 a 55 el número total de esferas, todas relacionadas entre sí.

La teoría descrita en su obra «Metafísica», fue sustituida por el sistema de Tolomeo (ll siglo d. J.C.), siempre geocéntrico, pero que tenía en cuenta de manera más precisa los movimientos celestes y que fue universalmente aceptado hasta Copérnico (¿1473?-1543). Entre las obras científicas del filósofo griego dedicadas al cielo, es preciso recordar la «Meteorología» y el «De Coelo».

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