¿Cómo nació el teatro?

Sin duda todas las artes tienen un origen divino, o algo que viene del más allá y que inspira o dota de genialidad al artista.  Es la magia del arte la que ayuda a los hombres a abrir nuevas puertas, adentrarse en caminos desconocidos, y reflexionar sobre cuestiones que tal vez nunca se hubiesen cruzado en el camino.

El teatro con su capacidad de encontrar mil formas para contar una historia, y hacer vivir en una misma persona, (el actor) múltiples vidas, encuentra un origen más terrenal que lo que se supone.

El origen del teatro según cuenta la historia, fue en Grecia.  El hecho particular en el cual nació este arte fueron  las celebraciones al dios Dionisio para los griegos, o Baco para los romanos.

En dichas festividades el vino era la bebida elegida para agasajar a los dioses. Además  la costumbre rezaba  sacrificar a un macho cabrío y comerlo vivo y  bebiendo su sangre.

Las festividades eran así poseedoras de un  descontrol sin igual, en donde la mayoría de los participantes terminaban ebrios.  Claro está que  la excusa y el objetivo de tamaño descontrol seguía siendo agasajar a su dios.

El vino era así, un protagonista esencial de la fiesta, haciendo que las personas se desinhiban. De esta manera las pasiones fluían , y se empezó a pensar en la idea de la transformación de una persona en otra.

En las mismas fiestas, se realizaban coros, llamados ditirambos, en donde los festejantes tomaban voces prestadas  y contaban anécdotas e historias.

Fue en este momento que por primera vez Tepsis, a quien hoy se lo reconoce como el primer actor, empezó en base a la improvisación a establecer un dialogo con el coro. Fundando algo similar a lo que luego sucedería en las escenas del teatro.

El teatro sigue a partir de aquí, una gran tradición en Grecia, que luego se expande a todo el mundo. Es allí en donde se divide también el arte entre comedia y tragedia, y se instauran leyes para su representación.

En un principio por ejemplo la actuación  era un arte solo reservado a los hombres, quienes eran los únicos que podían llevarla a cabo.  Las historias  narradas, por su parte debían respetar siempre una ley de unidad, que establecía que todo debía pasar en un mismo espacio y bajo un mismo tiempo, que siempre era de 24 horas.

Fotografía:  xornalcerto en Flickr

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