Aprende a interpretar el Arte Románico

Europa se halla plagada de monumentos pertenecientes al Románico. No en balde fue el estilo dominante durante los siglos XI y XII y posee una importancia capital en la historia de la arquitectura. Se basaba en los principios establecidos por el Imperio Romano -de ahí su nombre- y era de motivación fundamentalmente religiosa. Aquí explicamos sus claves.

Tras la caída de Roma, las distintas provincias occidentales del Imperio se separan a su suerte. Se inicia la Edad Media, largo periodo histórico que no terminará hasta casi el siglo XV.

Cada una de aquéllas utilizará para sus construcciones su propia interpretación de la arquitectura romana. Pero, hacia el siglo XI, se incrementan los contactos entre las distintas zonas por dos motivos: de una parte, la expansión de la orden benedictina de Cluny y, de otra, las peregrinaciones a los Santos Lugares (por ejemplo, en España, el Camino de Santiago).

Foto de un pórtico románico

Pórtico románico donde se aprecian el arco de medio punto abocinado, las arquivoltas y el tímpano decorado.

Con ello, se irradia desde Francia un arte que, inspirado en el antiguo de Roma, irá paulatinamente estableciéndose en toda la Europa central y meridional. Se trata del Románico, que será el canon estético hasta finales del siglo XII, cuando es sustituido por el Gótico.

Dada la época y sus orígenes, el Arte Románico en general y la Arquitectura en particular son eminentemente religiosos. Aunque también se construyen castillos y otras edificaciones, su principal muestra es la iglesia o la catedral.

Los materiales que utiliza la Arquitectura Románica, debido a su afán de perdurar, son robustos, generalmente piedra de sillería o sillares. Y, por el mismo motivo, además de para incitar a los fieles al recogimiento, sus ventanas o vanos son escasas, estrechas y abocinadas.

La planta de los edificios -es decir, su dibujo en el suelo- es, en principio, de forma basilical, consistente en la alineación de tres o cinco naves rectangulares, paralelas y separadas por columnas, de entre las que la central termina, en uno de sus extremos, en un ábside o cabecero circular.

Sin embargo, a este tipo de planta de inspiración romana se le añadiría pronto una nave transversal a las anteriores que se denomina transepto y que confiere a la planta de la construcción forma de cruz latina (así se la conoce: planta de cruz latina). Al punto donde se produce la intersección de éste con la nave central se le llama crucero.

Sin embargo, quizá el rasgo más característico de la Arquitectura Románica sea el arco de medio punto o semicircular (el de la Gótica, por ejemplo, sería ojival) sustentado por columnas con capiteles decorados. Su sucesión alineada, además, crearía bóvedas conocidas como «de cañón».

Este tipo de arcos se utilizarían también en las entradas al templo o pórticos pero, en este caso, tendrían forma abocinada, es decir, que se va rehundiendo en arcos más pequeños hacia el interior de la edificación. A éstos últimos se les denomina arquivoltas.

Igualmente, irían decorados con tímpanos en relieve -espacio que queda entre el dintel o parte central del arco y las citadas arquivoltas- con motivos alegóricos. Y, a veces, la parte central del arco se refuerza con un soporte o parteluz.

Fuente: Arte Guías.

Foto: Pórtico románico: Jl. Cernadas en Flickr.

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