Los gases. Sí, nuestros gases

En esta entrada veremos cuál es el mecanismo que nos generan los gases y cómo combatirlos.

Gases, un evento fisiológico que todos podemos padecer. Parece ser que en toda familia hay un comediante con inclinaciones musicales intestinales. Todos hemos escuchado los chistes al respecto y algunas veces hemos sufrido las consecuencias, y cuando se puede, culpamos al pobre perro. Pero la realidad es que todos tenemos gases en el tracto digestivo, por lo que los gases son parte de nuestra vida hasta cierto grado. Sin embargo, no nos cerremos a la realidad. Los gases, pueden algunas veces, ser más que un acontecimiento un poco doloroso o socialmente vergonzoso. También pueden reflejar un problema de fondo. Los gases en el tracto digestivo pueden provenir de diversas fuentes. Por ejemplo, puede deberse a la fermentación de alimentos. En efecto, cualquier alimento que entre al colon sin desintegrarse por completo, se fermentará con las bacterias y producirá gas. La intolerancia a la lactosa (azúcar de la leche) es un buen ejemplo de lo que le puede suceder a un adulto que repentinamente quiere volver a su infancia y tomar la leche a grandes sorbos.

Imagen tomada de Flickr por cafeconlecheporfavor

La lactosa normalmente se desintegra en el intestino delgado convirtiéndose en galactosa y glucosa. En el intestino delgado pueden absorberse estas pequeñas unidades de carbohidratos. En el caso de la intolerancia a la lactosa, la persona no tiene la suficiente enzima para dividirla, por lo que entra al colon, intacta, y ahí se fermenta. Todos hemos sufrido en algún momento con estos dolorosos gases que quedan como producto de esta fermentación. Las alergias a ciertos alimentos también pueden provocar que los alimentos no digeridos pasen al colon. Incluso hasta masticar en forma inadecuada puede enviar al intestino las partículas de alimentos que quedaron parcialmente sin digerir lo que también da como resultado fermentación y gas. Otra cosa que puede estar ocurriendo es una fermentación bacteriana. Lo normal es que en el intestino delgado no haya muchas bacterias, pero en algunos casos (como cuando se está enfermo o se está ingiriendo muchos carbohidratos y mucha fibra) hay un crecimiento exagerado de bacterias., tanto que estos microorganismos aumentan dramáticamente los procesos de fermentación, lo que da como resultado exceso de gas en el intestino. Otro problema pueden ser los alimentos gaseosos.

El gas puede estar en los alimentos y líquidos que ingieres. Cualquier alimento que para su preparación use aire, puede liberar gas. Los alimentos batidos son especialmente gaseosos y desde luego que los peores ofensores son probablemente las bebidas con agua carbonatada como las sodas. La distensión gaseosa resulta directamente de la liberación del bióxido de carbono que contienen estas bebidas. Otro factor, por contradictorio que parezca, son los antiácidos. Algunos de estos pueden en realidad aumentar el gas mientras disminuyen la acidez estomacal.


El carbonato o bicarbonato que con frecuencia se encuentra en los antiácidos, interactúa con los ácidos estomacales para producir bióxido de carbono y distensión gaseosa. Cualquier bebida medicinal que sea efervescente puede tener este mismo efecto en el estómago. También puede pasar que traguemos aire. Esto es inevitable a veces cuando comemos. Sin embargo esto rara vez desemboca en un problema gaseoso significativo. Generalmente las personas que tragan mucho aire, simplemente eructan más que las personas que no lo hacen. Por otra parte, los gases pueden ir acompañados de dolor. Muchas personas sufren espasmos periódicos en el colon. Cuando esto sucede, el gas se queda atrapado y no puede ser expulsado.

Imagen tomada de Flickr por teerish

Cuando el gas se acumula, la presión en el colon aumenta y el abdomen se distiende, lo que produce dolor. Hay algunas cosas que podemos hacer para evitar la formación de gases. Lo primero es vigilar la dieta y ver qué cosas nos hacen bien y qué cosas nos caen mal. La experiencia es importante aquí y nos puede ahorrar muchas vergüenzas públicas. La leche es una de las principales responsables, ni qué decir cuando se ingiere junto con otro tipo de proteínas como el huevo o las carnes. Si la vamos a consumir, es mejor hacerlo solo acompañada de carbohidratos e incluir una enzima llamada lactasa que venden en cualquier farmacia. Esto ayuda enormemente a su digestión y no deja gases. Sobre todo las mujeres deben tener siempre en casa esta enzima ya que el calcio que viene en la leche es particularmente importante para ellas. El alcohol también puede provocar gases porque con frecuencia irrita la cubierta del intestino. Del mismo modo hay que evitar los laxantes ya que facilitan los espasmos intestinales que pueden dejar los gases atrapados, lo que produce dolor. Otro gran truco es el referente a las leguminosas –las mayores criminales junto con la leche-. Basta con remojarlas en agua fría la noche anterior a su cocción. Esto hará que los alfa galactósidos disminuyan en gran número y con ellos los indeseados gases.

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...