Túnez, la inspiración de Homero

Túnez es un lugar mágico lleno de contrastes. Así, la bella ciudad tunecina de Djerba que el gran Homero en su obra inmortal La Odisea le definió como la isla de las 1.000 palmeras

El mar Mediterráneo ha sido el origen de la cultura occidental. En sus orillas y en sus aguas se crearon historias y leyendas que hoy en día siguen estando vigentes a pesar del paso de los siglos e incluso los milenios. Así sucede con la bella ciudad tunecina de Djerba que el gran Homero en su obra inmortal La Odisea le definió como la isla de las 1.000 palmeras. Pero este país tiene tantos lugares que descubrir que no os recomiendo, sin temor a equivocarme, que empecéis a mirar viajes a las playas de Túnez porque os dejará huella. Y hablo de playa por no hablar del resto de atractivos turísticos.

Djerba, un lugar mágico dónde todo es posible

Como explicaba, la isla de Djerba destaca por ser una joya turística en el sur del país, un paraíso milenario que sirvió de inspiración a Homero. Es un ejemplo perfecto de lo que nuestro pequeño mar puede ofrecer a la humanidad, con aguas tranquilas y arena fina de color tostado. Según dicen los expertos, la famosa isla de los lotófagos, de una belleza extraña, de la que hablaba el autor griego se refería a esta isla tunecina. Y cuando hablaba de sus sabrosos frutos, lo había, como no podía ser de otra forma, de los dátiles. Este pasaje literario lo tienen muy presente los habitantes de esta población tunecina y lo recuerdan a los turistas que visitan sus costas.

Se trata de una zona que tiene una larga ocupación y los cartagineses de Aníbal en su ocupación militar vieron que tenía un gran hándicap, la falta de agua. Este hecho se contrasta con el nombre que dieron a esta tierra, Menix, que significa falta de agua. Por fortuna, la ingeniería romana subsanó este problema gracias a la construcción de pozos que podían recabar cuanta lluvia cayera sobre el área.

Otro de los apodos por la que se le conoce a esta zona de Túnez, es por la isla de las cien mezquitas, que a pesar de no ser excesivamente espectaculares sí cumplen con el verdadero objetivo religioso. Aún así, merece la pena dar una vuelta para visitar la sinagoga de La Ghirba, que demuestra la antigua presencia judía de la isla, tanto como que en el año 586 a.C. ya se ha demostrado su presencia. Estamos hablando de una época en que recientemente se destruyó el mítico templo del rey Salomón. En su interior, destaca por la red de azulejos y vidrios de colores que dejará al visitante en un universo de paz y tranquilidad, que contrasta con el alboroto típico de las medinas y los mercados de la zona.

Fotografía: alex and mac

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