¿Qué ocurre con los perros que no se venden en las tiendas de animales?

¿Qué ocurre con esos cachorros que aún estando en las tiendas de animales no consiguen encontrar familia que los compre?

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Hace tiempo entraron en vigor varias leyes aplicables a la forma de comerciar con animales en España. En principio todo sonaba muy bien, dado que se prohibiría vender mascotas en comercios y esto ayudaría a terminar con ese gran negocio que siempre ha sido la cría y venta de animales. También se prohibiría que las mascotas estuvieran en los escaparates de las tiendas y que se usaran como reclamo comercial. Todo, eso sí, aparentemente.

Junto a las leyes se incluyeron varios puntos, excepciones o circunstancias. Lo podemos llamar como queramos, pero viene a ser el típico pretexto del que se echa mano para que parezca que todo cambia cuando, en realidad, no cambia nada. Y muchas de las entidades que se dedicaban a la compra de animales, siguen de la misma manera en la que trabajaban anteriormente.

Sobre el papel el gobierno quiere acabar con la situación de los animales, con los abandonos, con que resulte un negocio que mueve tanto dinero y que encima normalmente se mueve en negro. Pero como se suele decir: hecha la ley, hecha la trampa, así que no han sido pocos los que han buscado la manera de continuar con lo suyo. Y lo que debería ser una sociedad que apueste por las adopciones, continúa enganchada a la compra de animales, especialmente de raza, con la intención de satisfacer intereses que los verdaderos amantes de los animales no entienden.

De lo que hablábamos en el título es de lo que ocurre con esos pobres cachorros que no son adquiridos por nadie después de pasar un tiempo en las jaulas de las tiendas de animales. Normalmente estos perros y gatos solo están un periodo de tiempo reducido intentando llamar la atención de la gente que pasa por delante de ellos y les ve. En sus fichas técnicas que acompañan el cristal se puede ver cómo, en su mayoría, son animales a partir de los dos meses que han sido separados de sus madres rápidamente y de sus hermanos, lo que puede derivar en que sufran problemas de sociabilización, exceso de ladridos y similares factores.

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Les vemos en las jaulas cuando son pequeñitos, pero a medida que pasa el tiempo crecen y se convierten en un producto difícil de vender. Porque no nos engañemos, el comprador habitual de perros en tiendas de animales lo que está buscando es un cachorro adorable que le permita marcarse un tanto con sus hijos. La respuesta a la pregunta que formulamos no le gusta a nadie. Algunos de estos cachorros se rebajan en su precio para que el público no dude en comprarlos. Si alguien que lo había visto estaba dudando en su adquisición, con la rebaja seguramente se vería más tentado. En otros casos los empleados de la tienda, los cuidadores, podrían hacerse con la mascota. En última instancia, aquellos que ya no sean viables para la tienda serán enviados de vuelta al criador. Y será allí donde se tome una decisión sobre lo que ocurrirá con ellos a partir de ese momento. Algunos de los cachorros serán salvados por el criador, que los utilizará como parte de su estructura de negocio, como nuevas madres para dar más hijos o como los machos que los engendrarán. Los demás perros, a los que no se les consiga utilidad, acabarán siendo sacrificados. En algunos casos antes de ello serán enviados a los refugios o perreras con la intención de que tengan una última oportunidad de salvarse. Pero las estadísticas dicen que la mayor parte de los perros que pasan por estos centros acaban falleciendo.

La cruda realidad del negocio de la venta de animales es que para quienes gestionan los criadores continúa siendo un negocio de éxito que mueve mucho dinero. Se está presionando para que nazcan más y más perros y se sabe por adelantado que no todos los cachorros se venderán, sino que una parte habrán fallecido a los pocos meses de haber nacido y de ser separados de su madre y sus hermanos. Es un negocio cruel. Bajo las nuevas leyes se establece que los perros solo se podrán comprar por catálogo, sin ver a los perros directamente. No es una mala idea, pero sigue teniendo lagunas.

Lo ideal sería que los criaderos «hicieran» a sus perros por encargo dependiendo de los intereses de raza o estilo que tenga cada uno de los clientes. Y que fuera en ese momento cuando se produce la camada, sabiendo que de la misma habrá un cachorro vendido y haciendo todo lo posible para encontrar familia al resto, cuando se intentara llevar a los demás animales con nuevas familias. Esta solo es una idea, como cualquier otra, para intentar cesar este tipo de negocios en los que se exponen cachorros de forma habitual que después pueden terminar sacrificados. En algunos países este sigue siendo un gran problema.

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