Los cuerpos encontrados en un pozo reciben un entierro judío en Norwich

Los restos de los siglos XII y XIII encontrados en Norwich, han recibido un entierro judío el pasado martes.

ciudad judia de norwich

Los restos de 17 cuerpos (once niños y seis adultos) del siglo XII y XIII encontrados en el fondo de un pozo en el año 2004, han recibido un entierro judío en el Cementerio de Earlham de Norwich el pasado martes. Los huesos se encontraban almacenados en el Norwich Castle Museum, donde fueron colocados en cinco ataúdes cubiertos con chales “tallits” (chales de oración judía). Posteriormente, fueron enviados al cementerio judío de Earlham donde el rabino local, Alex Bennet, llevó a cabo un servicio tradicional judío.

Una de las principales cuestiones ha sido cómo determinar que los restos eran efectivamente judíos. A pesar de las pruebas de ADN realizadas por el doctor Ian Barnes indicando en el programa de la BBC, History Cold Case, que cinco de las 17 personas eran miembros de la misma familia cuyo origen provenía del sudeste de Europa a Asia Central en lugar de Europa Occidental, no es una prueba realmente concluyente de su condición judía. Es sin duda una evidencia, sobre todo teniendo en cuenta la étnica relativamente homogénea del Norwich medieval, pero hay otras posibilidades: podrían haber sido los descendientes de los soldados romanos o incluso el resultado de matrimonios mixtos entre peregrinos cristianos a Tierra Santa y los lugareños del Medio Oriente.

Sin embargo, la evidencia circunstancial apoya la teoría judía. El pozo en el que se encontraron los restos se encontraba al lado de un barrio judío, ¿y por qué iban a arrojar a 17 personas cristianas a un pozo seco en vez de enterrarlos en tierra consagrada? Su destino parece una falta de respeto intencional de la multitud, ya que muchos judíos se enfrentaron a este tipo de situaciones entre la conquista normanda y la expulsión de los judíos por Eduardo I en la Inglaterra de 1290.

En cualquier caso, la evidencia era suficiente para Clive Roffe, representante de Norwich en el Consejo de Diputados de Judíos Británicos, para hacer una campaña para que los huesos fueran enterrados debidamente. Sin embargo, las autoridades del museo se mostraron reacias, ya que querían que los restos estuvieran disponibles para su estudio y, en su opinión, aún no había pruebas suficientes de que realmente fueran restos judíos. Tras dos años de negociaciones, el Consejo de Diputados convenció al museo de que sea cual fuera su origen étnico, los huesos debían ser enterrados con respeto, y si la comunidad judía los aceptaba basándose en la simple casualidad de que pudieran ser los restos de judíos asesinados, se les debía permitir que los acogieran.

Mientras tanto, el doctor Joachim Burguer continúa analizando las muestras de ADN, pero no tendrá ningún resultado esclarecedor al menos hasta dentro de dos meses.

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