Joan Brossa vuelve a la Galería Carles Taché

Desde el 22 de noviembre se podrán admirar medio centenar de poemas visuales y objetos del artista catalán Joan Brossa (1919-1998), en la Galería Carles Taché, en Barcelona.

Exposición Brossa

Desde el 22 de noviembre se podrán admirar medio centenar de poemas visuales y objetos del artista catalán Joan Brossa (1919-1998), en la Galería Carles Taché, en Barcelona. Esta exposición quedará abierta al público hasta principios de enero de 2013, y ha sido concebida como un homenaje al artista, quien realizó su primera exposición individual en esa misma galería en el año de su inauguración, 1986, y con la que siempre guardó una estrecha relación.

Por circunstancias de la vida, desde aquella muestra ya no hubo más exposiciones de Brossa en la galería hasta la presente, que surgió de manera espontánea en una conversación con la Fundación Joan Brossa“, comentaba Carles Taché en unas declaraciones para la Agencia Efe.

La exposición se divide en dos bloques que componen los pilares más importantes de la obra del autor; los poemas objeto y los visuales, dos vías artísticas en las que Brossa empezó a experimentar a partir de la década de los cuarenta.

Este arte tan particular que presenta una relación compleja entre conceptos y objetos “acerca al espectador al gusto que tenía Brossa por el lenguaje, por los juegos de palabras, tan presente en su obra literaria”.

Brossa consiguió elevar los objetos cotidianos a la categoría de arte, añadiendo a su vez la sensibilidad propia de la poesía. Esta combinación inesperada de objetos es el pilar básico de su arte conceptual, en el que dichos objetos pierden por sí mismos su significado individual para que en conjunto representen una idea abstracta a través de un proceso de asociación. Una asociación que Brossa reflejaba perfectamente con sus ingeniosos títulos.

En esta exposición se pueden encontrar poemas objeto únicos como son “Artrista“, que es una segunda versión de la original, que se exhibió en la primera gran exposición de Brossa en la Fundación Miró en el año 1986, y en la que se conjuga un caballete de pintor con una corona de flores; o “S/T“, también de 1986, que incorpora unas medallas en donde irían los platillos de una pandereta tradicional.

Otras piezas únicas son “Escurreplatos” (1986), una obra donde aparecen unos platos llenos de comida apoyados en un escurreplatos a la espera de que se sequen; “Escena” (1986), que sólo se exhibe en la Fundación Miró; o “Neorrealismo” (1993), una obra que únicamente se había podido ver en la propia galería, y que se compone de un conjunto de 17 espejos de medidas y marcos variables.

Hierba diferente” (1986-1989), es otro poema visual que sólo se había exhibido en una ocasión durante la muestra de la Fundación ONCE. En esta pieza Brossa había colocado una alfombra negra redonda junto a una tapa de alcantarilla de hierro. Existe además una segunda versión de esta obra en el Museo de Arte Contemporáneo de Ceret, al sur de Francia.

También se pueden encontrar piezas como “Tancat” (Cerrado, 1986) y la muy actual crítica “El Balance o Los ahorros de la caja” (1986), donde el artista compone una escena con un teatro de marionetas en la ventanilla de una caja de ahorros antigua, y el banquero que está al otro lado del mostrador a la espera del día de pago, es el diablo.

Brossa era un gran experto en utilizar los dobles sentidos que escondían las letras, así lo refleja con “Malestar” (1984), en el que representa una M, con las arrugas angulares de una cinta métrica, o con “Poema visual, 1970-1975″, donde añade una X al efigie de Franco plasmada en un sello, pretendiendo simbolizar la muerte con una calavera.

Al inicio de la exposición, hay gran cantidad de libros y catálogos que los visitantes pueden consultar para entender mejor las particulares creaciones plásticas del autor. Algunos de los libros están agotados y son imposibles de encontrar, como la antología que publicó el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en el año 1991, que supuso el reconocimiento internacional del autor.

La buena relación que Brossa mantuvo con la galería, queda patente en las fotografías que evocan aquella primera exposición de 1986, y también en algunas piezas creadas de manera conjunta como la “Baraja irregular”, en la que colores de unos naipes típicos de la baraja española, quedan desplazados por fuera de las líneas del dibujo, dando la sensación de que se ha producido un fallo en la impresión.

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