El Vaticano, centro católico pero también de secretos

La construcción de la Basílica de San Pedro pasó por manos de varios arquitectos famosos como D’Angelo, Rafael Sanzio, da Sangallo y Miguel Ángel. Lo curioso del caso es que tres de estos murieron antes de ver acabado la obra

Si hay algún lugar que en los últimos años que ha ido sumando páginas de misterios y horas en televisión y radio de secretos inconfesables no es otro que la Santa Sede. Si bien hay que reconocerle a Dan Brown el causante de un retorno del interés global por la cara oculta de este lugar sacro, siempre ha despertado una inquietud sobre todo lo que podría tener en sus dependencias. Si aún no has visitado sus dependencias, te recomiendo que aproveches los vuelos económicos que puedes encontrar hasta una Roma menos llena, con más espacio libre, gracias que la temporada alta ya se ha acabado. Pero aún así, debes ser consciente que siempre encontrarás un buen número de turistas en el Vaticano.

La Basílica de San Pedro es una obra maestra de la historia de la arquitectura

Los misterios y secretos no están a la vista y muchos de ellos, tal y como insinuaba en El Código da Vinci, están en los pasadizos e instancias subterráneas. Puede que no logres verlo, pero lo que sí es seguro que podrás disfrutar de alguna de las muestras artísticas más importante de la historia. Para empezar por la Basílica de San Pedro, que nació de un proyecto del arquitecto Donato d’Angelo Bramante siguiendo el estilo reinante, el renacentista italiano. Sin embargo, como si se tratara de un guiño del destino, Bramante no pudo ver si obra en pie, ya que si su construcción se inició el 18 de abril de 1506, el arquitecto murió en 1514, cuando tan solo estaba construido los cuatro grandes pilares que debían sujetar el tremendo peso de la gran cúpula central.

El gran proyecto del catolicismo cayó en buenas manos, ya que la dirección de tan ambiciosa obra estuvo en Rafael Sanzio, que contó con la ayuda de fray Giocondo y Antonio da Sangallo. Curiosamente, el que debía acabar la obra, Rafael moriría tan solo 6 años después. Lo que hizo recaer la responsabilidad en Sangallo, que tuvo la colaboración de Baldassare Peruzzi. El paso del proyecto inicial de Bramante a otras manos, hizo evolucionar la idea inicial y ésta pasó a ser una planta basilical de cruz latina de tres naves y un cuerpo longitudinal, en la que la cúpula aumentó de tamaño.

Sin embargo, parecía que una obra de tal magnitud no podía hacerse en una sola generación y basándose en el talento de un solo artista. Así, tras Bramante, Rafael y la muerte en 1546 de Sangallo, llegó a las manos de Miguel Ángel Buonarroti. El genio recuperó la idea original de la planta de cruz griega de Bramante y tras unas modificaciones estructurales logró acabar la obra, cuya gran cúpula parece estar suspendida en el aire, justo dónde debía estar situada la tumba de San Pedro.

Fotografía: fresus

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