El Código Copiale

Gracias al cada día más complejo mundo de la informática y sus avances, pudo descifrarse el Código Copiale, un manuscrito de más de 200 años compuesto por 105 páginas, en el que más de 75.000 extraños caracteres y símbolos griegos, romanos y de otras lenguas guardaban un secreto que nadie había podido desvelar, hasta hoy.

La Historia tiene éstas cosas, de vez en cuando, a lo largo de los siglos nos desvela glifos, placas, tablillas o legajos de papiro o pergamino repletos de caracteres extraños, irreconocibles, indescifrables, despertando con ello la curiosidad y la incertidumbre a partes iguales entre los investigadores.

Código Copiale

¿Qué secretos se ocultarán tras su código? ¿Es acaso la broma de algún falsificador que urdió un engaño para mantener ocupados a los criptólogos venideros?

Casos como los nombrados se reparten a lo largo y ancho de nuestro mundo, en obras ya clásicas para el mundo de la investigación y la criptología como los casos del manuscrito Voynich, el Disco de Festos, la inscripción de la mansión Shugborough, las Cifras de Beale, El Chaocipher, o el cifrado Dorabella.

Sin embargo, gracias al cada día más complejo mundo de la informática y sus avances, uno de estos códigos secretos pudo descifrarse por un equipo sueco, en octubre del año pasado, hablamos del ya resuelto Código Copiale, un manuscrito de más de 200 años compuesto por 105 páginas, en el que más de 75.000 extraños caracteres y símbolos griegos, romanos y de otras lenguas guardaban un secreto que nadie había podido desvelar.

Para descifrar su texto, supusieron que tan sólo los caracteres latinos, repartidos a lo largo del texto, tenían significado, pero ante los continuos fracasos, los investigadores examinaron otras vías de interpretación, pues al parecer los símbolos latinos tan sólo estaban ahí para despistar.

Hubo que utilizar diversas técnicas criptológicas con herramientas de traducción estadística, algo similar al funcionamiento del traductor de Google que se utiliza para la traducción de páginas web. Para ello, se escaneó el documento y cada uno de sus miles de símbolos, procesándolos de todas las formas posibles en busca de concordancias gramáticas con todos los idiomas conocidos, pues no se conocía en qué idioma estaría escrito su texto.

Otro avance revelador fue considerar que el cifrado podría ser del tipo homofónico. En vez de una equivalencia directa, en ese tipo de cifrados una misma letra se oculta reemplazándola por varios símbolos distintos, según su frecuencia de aparición en el texto.

¿Qué se escondía en tan complejo código?
La respuesta tan sólo puede ser comparada al efecto que causa el conocer la realización del truco de un prestidigitador: resulta más emocionante el intentar descubrir el engaño que saber de cierto la forma de realizarlo, pues la magia se desvanece.

Así, todas aquellas aventuradas suposiciones acerca de su contenido, que hacían referencia a posibles y enrevesados complots masones para desestabilizar la sociedad, se vinieron abajo.

En efecto, el código hacía referencia una sociedad secreta, pero en sus líneas no se relataba ningún complejo plan antisistema, sino un manual de prácticas oftalmológicas y herramientas usadas en tales lides, por un grupo de aficionados a este campo médico.

Algo que puede no resultar muy relevante en nuestros días pero que para los historiadores resultará interesante estudiar, por el hecho de conocer si algo de ese saber a llegado hasta nuestros días.

El Código Copiale, al que ya podríamos llamar con cierta sorna “el resulto código del optometrista”, puede que haya sido descifrado pero quedan muchos más por ser revelados.

¿Quién sabe que se oculta tras el manuscrito Voynich? Aunque visto lo visto, bien podría tratarse de un libro de cocina…o no…

Imagen: Dominio Público en Wikimedia

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